El purgatorio y la oración por los difuntos
Lectura: 5 minutos · Actualizado el 21 de octubre de 2026
Pedro Machuca, La Virgen y las ánimas del purgatorio (1517). Vía Wikimedia Commons.
Nada impuro entrará en el cielo
La Escritura enseña que nada impuro entrará en la Jerusalén celestial (Ap 21:27), y que sin la santidad nadie verá al Señor (Heb 12:14). Pero muchos mueren en amistad con Dios sin haber alcanzado esa santidad completa: perdonados, pero todavía marcados por el apego al pecado. La pregunta es qué ocurre con ellos. La respuesta de la Iglesia es la purificación después de la muerte, que llamamos purgatorio.
Salvado como a través del fuego
San Pablo enseña que cada uno edifica sobre el único fundamento, que es Cristo, con distintos materiales: oro, plata, piedras preciosas, madera, heno o paja. El día del juicio, el fuego probará la obra de cada uno. Si la obra resiste, recibirá su recompensa; si se quema, «sufrirá daño; él mismo empero se salvará, mas como a través del fuego» (1 Cor 3:12-15). El texto describe a alguien que se salva, que por lo tanto no está en el infierno y que, sin embargo, pasa por un fuego que le hace sufrir una pérdida antes de entrar en la salvación. Eso es exactamente lo que la Iglesia llama purgatorio.
San Pablo habla del mismo juicio en otra carta: «todos hemos de ser manifestados ante el tribunal de Cristo, a fin de que en el cuerpo reciba cada uno según lo bueno o lo malo que haya hecho» (2 Cor 5:10). El juicio de Dios no es solo una sentencia de salvación o condenación, sino también una evaluación de lo que cada uno construyó.
La prisión y el último centavo
En el Sermón de la montaña, Jesús aconseja ponerse de acuerdo con el adversario mientras se va con él por el camino, no sea que el adversario lo entregue al juez, el juez al guardia y sea puesto en prisión. Y agrega: «no saldrás de allí sin que hayas pagado hasta el último centavo» (Mt 5:25-26; Lc 12:58-59). El camino es esta vida, y el juez es Dios. Jesús describe una prisión de la que se sale una vez saldada toda la deuda: no es el infierno, del que no se sale, sino una pena que tiene fin. Así lo entendieron desde el siglo III Padres como Tertuliano (Sobre el alma 58) y san Cipriano (Carta 55, 20), que vieron en esa prisión la purificación después de la muerte.
Perdón en el mundo venidero
Jesús enseña que quien hable contra el Espíritu Santo «no le será perdonado ni en este siglo ni en el venidero» (Mt 12:32). La frase supone que hay pecados que pueden perdonarse en el siglo venidero; si no, no tendría sentido mencionarlo. Así la leyeron san Agustín (La ciudad de Dios XXI, 24) y san Gregorio Magno (Diálogos IV, 39).
Pablo pide misericordia para Onesíforo
San Pablo recuerda con gratitud a Onesíforo, que lo había buscado en Roma y lo había consolado en la prisión y ora por él: que el Señor le conceda hallar misericordia en aquel día (2 Tim 1:16-18). Al final de la carta, Pablo saluda a la familia de Onesíforo, pero no a él (2 Tim 4:19), lo que hace pensar que ya había muerto. Si es así, es una oración del apóstol por un difunto.
La oración de Judas Macabeo
A este testimonio del Nuevo Testamento se suma uno del Antiguo, en el segundo libro de los Macabeos (ver ¿Cuál es el canon bíblico?). Después de una batalla, Judas Macabeo y sus hombres fueron a recoger los cuerpos de los caídos y encontraron bajo sus túnicas amuletos de los ídolos de Jamnia, prohibidos por la Ley. Entonces se pusieron en oración, pidiendo que el pecado cometido fuera completamente borrado. Judas hizo una colecta de doce mil dracmas y la envió a Jerusalén para que se ofreciera un sacrificio por el pecado. El texto comenta que obró muy bien, pensando en la resurrección: si no hubiera esperado que los caídos resucitaran, habría sido inútil orar por los muertos (2 Mac 12:38-46).
Aun quien no acepte este libro como Escritura tiene aquí un testimonio histórico: los judíos oraban y ofrecían sacrificios por sus muertos dos siglos antes de Cristo. Y lo siguen haciendo: en la sinagoga, los hijos recitan durante once meses por sus padres difuntos la oración del Kadish (קַדִּישׁ).
La fe de los primeros cristianos
A fines del siglo II, el obispo Abercio de Hierápolis mandó grabar en su tumba: «Que ore por Abercio todo el que entienda esto y piense como yo» (Inscripción de Abercio). Hacia el año 211, Tertuliano atestigua que los cristianos ofrecen cada año sacrificios por los difuntos en el aniversario de su muerte (La corona 3). Y hacia el 397, san Agustín recuerda las últimas palabras de su madre, santa Mónica: «Enterrad este cuerpo en cualquier lugar; solo os pido que os acordéis de mí ante el altar del Señor, dondequiera que estéis» (Confesiones IX, 11, 27).
Hacia el año 210, Tertuliano cuenta que la viuda cristiana ora por el alma de su marido, pide para él descanso y ofrece el sacrificio cada año en el aniversario de su muerte (La monogamia 10). Y hacia el 252, san Cipriano distingue a quien recibe enseguida el premio de la fe de quien, como en la cárcel de la parábola, no sale hasta pagar el último centavo, y es purgado largo tiempo por el fuego (Carta 55, 20; en algunas ediciones, 51). En las catacumbas romanas, los epitafios piden por el difunto: «Que Dios refresque tu espíritu», «Que vivas en paz».
Lo que la Iglesia reconoció
El Concilio de Florencia (1439) y el de Trento (1563) enseñaron que existe una purificación después de la muerte para quienes mueren en gracia de Dios pero no están plenamente purificados y que las almas que la atraviesan son ayudadas por las oraciones de los fieles y, sobre todo, por el sacrificio de la Misa. El purgatorio no es una segunda oportunidad para quien rechazó a Dios, ni un castigo sin fin: es la última etapa de la obra de la misericordia, que termina de purificar a quienes ya están salvados (Catecismo 1030-1032). La palabra «purgatorio» se usa desde el siglo XII, pero, como ocurre con la palabra «Trinidad», nombra una verdad que la Iglesia creía mucho antes de tener un nombre para ella (ver La Santísima Trinidad).
Los testimonios de esta doctrina a lo largo de los siglos se reúnen en La doctrina eterna de la Iglesia Católica desde Jesús y los apóstoles.
Fundamentos bíblicos (6)
1 Cor 3:12-15 · Como a través del fuego
«Si, empero, sobre este fundamento se edifica oro, plata, piedras preciosas, (o bien) madera, heno, paja, la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la descubrirá, pues en fuego será revelado; y el fuego pondrá a prueba cuál sea la obra de cada uno. Si la obra que uno ha sobreedificado subsistiere, recibirá galardón; si la obra de uno fuere consumida, sufrirá daño; él mismo empero se salvará, mas como a través del fuego.»1 Cor 3:12-15, Biblia de Straubinger
Alguien que se salva, pero pasando por un fuego que le hace sufrir daño.
Mt 5:25-26 · Hasta el último centavo
«Ponte en paz, sin tardar, con tu adversario mientras vas con el por el camino, no sea que él te entregue al juez y el juez al alguacil; y te pongan en la cárcel. En verdad te digo, que no saldrás de allí sin que hayas pagado hasta el último centavo”.»Mt 5:25-26, Biblia de Straubinger
Una prisión de la que se sale una vez saldada la deuda.
Mt 12:32 · Ni en este siglo ni en el venidero
«Y si alguno habla contra el Hijo del hombre, esto le será perdonado; pero al que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado ni en este siglo ni en el venidero.»Mt 12:32, Biblia de Straubinger
La frase supone que hay pecados que se perdonan en el siglo venidero.
2 Tim 1:16-18 · Misericordia para Onesíforo
«Conceda el Señor misericordia a la casa de Onesíforo, porque muchas veces me alivió y no se avergonzó de mis cadenas; antes, llegado a Roma, me buscó diligentemente hasta dar conmigo. Concédale el Señor que halle misericordia delante del Señor en aquel día.»2 Tim 1:16-18, Biblia de Straubinger
San Pablo pide misericordia para Onesíforo en el día del juicio, probablemente ya muerto.
2 Mac 12:43-46 · Rogar por los difuntos
«Y habiendo recogido en una colecta que mandó hacer, doce mil dracmas de plata, las envió a Jerusalén, a fin de que se ofreciese un sacrificio por los pecados de estos difuntos, teniendo, como tenía, buenos y religiosos sentimientos acerca de la resurrección —pues si no esperara que los que habían muerto habían de resucitar, habría tenido por cosa superflua e inútil el rogar por los difuntos—, y porque consideraba que a los que habían muerto después de una vida piadosa, les estaba reservada una grande misericordia. Es un pensamiento santo y saludable el rogar por los difuntos, a fin de que sean libres de sus pecados.»2 Mac 12:43-46, Biblia de Straubinger
Judas Macabeo ofrece un sacrificio por los muertos, para que sean libres de sus pecados (ver El canon bíblico).
Ap 21:27 · No entrará cosa vil
«Y no entrará en ella cosa vil, ni quien obra abominación y mentira, sino solamente los que están escritos en el libro de vida del Cordero.»Ap 21:27, Biblia de Straubinger
Nada impuro entra en la Jerusalén celestial.
Objeciones (4)
La palabra «purgatorio» no está en la Biblia
Tampoco la palabra «Trinidad». Es el nombre de una verdad que la Escritura enseña (ver La Santísima Trinidad).
Cristo pagó todo en la cruz; el purgatorio niega su obra
La purificación no agrega nada al sacrificio de Cristo: es la aplicación de sus méritos, que se nos va dando en esta vida y que se completa después de ella, si todavía no alcanzamos la perfección necesaria para estar cara a cara frente a Dios. La Carta a los Hebreos enseña que Dios corrige a sus hijos para hacerlos partícipes de su santidad (Heb 12:10).
«Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23:43)
Jesús habla de un caso particular, que no dice nada de los demás. Además, la purificación después de la muerte no se mide con nuestro tiempo.
Segundo de Macabeos no es Escritura
En primer lugar, no es lícito arrancarle hojas a las Escrituras y luego decir que lo que estaba escrito allí no existe (ver ¿Cuál es el canon bíblico?). Lutero quitó esos libros de la Escritura como palabra de Dios, aunque los dejara impresos aparte, y las Biblias protestantes posteriores los suprimieron por completo. Además de que el purgatorio se apoya también en el Nuevo Testamento (1 Cor 3:15; Mt 5:26; 12:32), esos libros siguen siendo documentos históricos: Macabeos muestra que los judíos oraban por sus muertos antes de Cristo.
Fuentes
Versiones de la Biblia
- Biblia de Straubinger (Universidad Católica de La Plata, 2.ª ed., 2009)
- Texto hebreo masorético
Textos citados
- Inscripción de Abercio (c. 190)
- Tertuliano, Sobre el alma 58 (c. 210)
- Tertuliano, La corona 3 (c. 211)
- San Cipriano, Carta 55, 20 (c. 252)
- San Agustín, Confesiones IX, 11, 27 (c. 397)
- Concilio de Florencia, Laetentur caeli (1439)
- Concilio de Trento, sesión XXV (1563)
- Catecismo de la Iglesia Católica 1030-1032 (1992)
- Tertuliano, La monogamia 10 (c. 210)
- San Cipriano, Carta 55, 20 (c. 252)
- San Agustín, La ciudad de Dios XXI, 24 (c. 426)
- San Gregorio Magno, Diálogos IV, 39 (c. 593)
Los textos bíblicos se citan según la Biblia de Straubinger. Los textos de los Padres de la Iglesia y de los concilios se citan en traducción directa del original.
Cómo citar este tema
Para quien busca la Verdad. (2026, 21 de octubre). El purgatorio y la oración por los difuntos. Recuperado el 21 de octubre de 2026, de https://veritasveritatum.com/es/purgatorio/
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Para quien busca la Verdad