El santo sacrificio de Jesús y la Misa
Lectura: 3 minutos · Actualizado el 19 de octubre de 2026
Rafael, La misa de Bolsena (1512). Vía Wikimedia Commons.
Lo que la Iglesia cree
La Iglesia enseña que la Misa es el mismo sacrificio de la cruz, hecho presente de modo incruento: el mismo Cristo, que se ofreció una vez en la cruz derramando su sangre, se ofrece ahora por manos de los sacerdotes (Concilio de Trento, sesión XXII, 1562; Catecismo 1366-1367). No es un sacrificio nuevo ni una repetición: es el único sacrificio de Cristo, que se hace presente para que sus frutos alcancen a todos los tiempos.
Las figuras del Antiguo Testamento
Melquisedec, rey de Salem y «sacerdote del Dios altísimo», ofreció pan y vino (Gn 14:18), y la Escritura anuncia que el Mesías sería sacerdote «a la manera de Melquisedec» (Sal 109:4; Heb 7). El cordero pascual, cuya sangre libró a Israel de la muerte, era figura de Cristo: «nuestra Pascua, Cristo, ha sido inmolada» (1 Cor 5:7). Y el profeta Malaquías anunció que, en lugar de los sacrificios del templo, «en todo lugar se ofrece a mi Nombre incienso y ofrenda pura», entre todas las naciones (Mal 1:11).
La Última Cena
Jesús habló en la Última Cena con el lenguaje de los sacrificios: su cuerpo es «el que se da para vosotros», y el cáliz es «la nueva alianza en mi sangre, que se derrama para vosotros» (Lc 22:19-20). Y mandó: «Haced esto en memoria mía». La palabra «memoria» traduce el hebreo zikkarón (זִכָּרוֹן), el mismo término con que la Ley llama a la Pascua (Ex 12:14): no es un simple recuerdo mental, sino la celebración que hace presente lo que se recuerda. Cada año, el judío que celebraba la Pascua participaba de la liberación de Egipto; cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía, participa del sacrificio de Cristo (ver La presencia real de Cristo en la Eucaristía).
Un altar cristiano
San Pablo compara la mesa del Señor con los altares de los sacrificios: así como los israelitas que comían de las víctimas entraban en comunión con el altar, y los paganos con los demonios a quienes ofrecían, los cristianos entran en comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo (1 Cor 10:16-21). La Carta a los Hebreos lo dice directamente: «Tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que dan culto en el tabernáculo» (Heb 13:10). Y en el cielo, Cristo resucitado aparece como «un Cordero como degollado» (Ap 5:6): conserva para siempre las señales de su sacrificio.
La fe de los primeros cristianos
Hacia el año 100, la Didaché manda a los cristianos reunirse el día del Señor para partir el pan, después de confesar sus pecados, «para que vuestro sacrificio sea puro», y cita a continuación la profecía de Malaquías (Didaché 14). Hacia el 96, san Clemente de Roma habla de los presbíteros que «ofrecieron los dones» (Carta a los Corintios 44, 4). Hacia el 107, san Ignacio de Antioquía exhorta a celebrar una sola Eucaristía, porque hay «un solo altar» (Carta a los Filadelfios 4). Hacia el 155, san Justino afirma que la ofrenda pura de Malaquías es el pan y el cáliz de la Eucaristía (Diálogo con Trifón 41). Y en el siglo III, san Cipriano enseña que el sacerdote ofrece en la Misa lo que Cristo ofreció (Carta 63, 14).
Un solo sacrificio
La Carta a los Hebreos insiste en que Cristo se ofreció «una vez para siempre» y que «con una sola oblación ha consumado para siempre a los santificados» (Heb 10:10-14). La Iglesia lo enseña igual: la Misa no añade otro sacrificio al de la cruz, ni lo repite, sino que hace presente el único sacrificio de Cristo. Cambia solo el modo de ofrecerlo: en la cruz, con derramamiento de sangre; en la Misa, de modo incruento, bajo las especies del pan y del vino. Por eso el sacerdote no actúa por su cuenta, sino en la persona de Cristo, el único sumo sacerdote (ver Jesús instituye el sacerdocio).
Los testimonios de esta doctrina a lo largo de los siglos se reúnen en La doctrina eterna de la Iglesia Católica desde Jesús y los apóstoles.
Fundamentos bíblicos (7)
Gn 14:18-20 · Melquisedec ofrece pan y vino
«Entonces Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues era sacerdote del Dios altísimo. Y le bendijo, diciendo “¡Bendito sea Abram del Dios altísimo, Señor del cielo y de la tierra! ¡Y bendito sea el Dios altísimo, que puso tus enemigos en sus manos!” Y le dio (Abram) el diezmo de todo.»Gn 14:18-20, Biblia de Straubinger
El sacerdote del Dios altísimo ofrece pan y vino: figura del sacerdocio de Cristo (Sal 109:4; Heb 7).
Mal 1:11 · Una ofrenda pura en todo lugar
«Porque desde el orto del sol hasta el ocaso es grande mi Nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi Nombre incienso y ofrenda pura, pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahvé de los ejércitos.»Mal 1:11, Biblia de Straubinger
El profeta anuncia un sacrificio que se ofrecerá entre todas las naciones; san Justino lo aplicó a la Eucaristía.
Lc 22:19-20 · El cuerpo entregado y la sangre derramada
«Y habiendo tomado pan y dado gracias, (lo) rompió, y les dio diciendo: “Este es el cuerpo mío, el que se da para vosotros. Haced esto en memoria mía”. Y asimismo el cáliz, después que hubieron cenado, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que se derrama para vosotros.”»Lc 22:19-20, Biblia de Straubinger
Jesús usa en la Última Cena el lenguaje del sacrificio, y manda hacer lo mismo en memoria suya.
1 Cor 5:7 · Nuestra Pascua, Cristo, ha sido inmolada
«Expurgad la vieja levadura, para que seáis una masa nueva, así como sois ázimos porque ya nuestra Pascua, Cristo, ha sido inmolada.»1 Cor 5:7, Biblia de Straubinger
Cristo es el verdadero cordero pascual.
Heb 13:10 · Tenemos un altar
«Tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que dan culto en el tabernáculo.»Heb 13:10, Biblia de Straubinger
Los cristianos tienen un altar del que se come: el del sacrificio de Cristo.
Ap 5:6 · Un Cordero como degollado
«Y vi que en medio delante del trono y de los cuatro vivientes y de los ancianos estaba de pie un Cordero como degollado, que tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios en misión por toda la tierra.»Ap 5:6, Biblia de Straubinger
En el cielo, Cristo resucitado se presenta con las señales de su sacrificio.
Heb 10:10-14 · Una sola oblación
«En virtud de esta voluntad hemos sido santificados una vez para siempre por la oblación del cuerpo de Jesucristo. […] Éste, empero, después de ofrecer un solo sacrificio por los pecados, para siempre “se sentó a la diestra de Dios”, aguardando lo que resta “hasta que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies”. Porque con una sola oblación ha consumado para siempre a los santificados.»Heb 10:10-14, Biblia de Straubinger
El sacrificio de Cristo es único y no se repite: la Misa lo hace presente, no lo multiplica.
Objeciones (3)
Cristo se ofreció una sola vez (Heb 10:10-14): la Misa sería otro sacrificio
La Iglesia enseña exactamente eso: el sacrificio de Cristo es único. La Misa no es otro sacrificio, sino el mismo, hecho presente. Si la Carta a los Hebreos negara toda presencia actual de ese sacrificio, no podría decir a la vez que «tenemos un altar» (Heb 13:10), ni el Apocalipsis mostraría a Cristo en el cielo como un Cordero inmolado (Ap 5:6).
La Misa vuelve a crucificar a Cristo
Cristo resucitado ya no muere (Rom 6:9), y la Misa no lo hace morir de nuevo. En ella se hace presente, de modo incruento, el sacrificio que ofreció una vez en la cruz.
San Juan lo muestra en el Apocalipsis: vio que «estaba de pie un Cordero como degollado» (Ap 5:6). Lleva las marcas de su sacrificio, pero está de pie, es decir, vivo: «Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere» (Rom 6:9). En la Misa, Cristo no vuelve a morir: se hace presente el mismo y único sacrificio que ofreció en la cruz.
«En memoria mía» significa solo un recuerdo
La palabra que usa Jesús responde al hebreo zikkarón, con que la Ley llama a la celebración de la Pascua (Ex 12:14). Para un judío, celebrar el memorial de la Pascua no era solo recordarla, sino participar de ella. Y la Iglesia de los primeros siglos, desde la Didaché, llamó sacrificio a la Eucaristía.
Fuentes
Versiones de la Biblia
- Biblia de Straubinger (Universidad Católica de La Plata, 2.ª ed., 2009)
- Texto hebreo masorético
Textos citados
- Heb 7
- Didaché 14 (c. 90-100)
- San Clemente de Roma, Carta a los Corintios 44, 4 (c. 96)
- San Ignacio de Antioquía, Carta a los Filadelfios 4 (c. 107)
- San Justino, Diálogo con Trifón 41 (c. 155)
- San Cipriano, Carta 63, 14 (c. 253)
- Concilio de Trento, sesión XXII (1562)
- Catecismo de la Iglesia Católica 1366-1367 (1992)
Los textos bíblicos se citan según la Biblia de Straubinger. Los textos de los Padres de la Iglesia y de los concilios se citan en traducción directa del original.
Cómo citar este tema
Para quien busca la Verdad. (2026, 19 de octubre). El santo sacrificio de Jesús y la Misa. Recuperado el 21 de octubre de 2026, de https://veritasveritatum.com/es/sacrificio-misa/
Cita copiada
Para quien busca la Verdad