Jesús instituye el sacerdocio
Lectura: 5 minutos · Actualizado el 19 de octubre de 2026
Fra Angelico, San Pedro consagra diácono a san Esteban (1447-1449). Vía Wikimedia Commons.
Los sacerdotes y el sumo sacerdote
En la antigua alianza había dos grados de sacerdocio. Los sacerdotes, descendientes de Aarón, ofrecían cada día los sacrificios en el templo (Heb 10:11). El sumo sacerdote, en cambio, era uno solo, y solo él entraba una vez al año en el Santo de los Santos, el día de la Expiación, con la sangre del sacrificio por los pecados de todo el pueblo (Lv 16; Heb 9:7). En la nueva alianza, Cristo es el único sumo sacerdote, que «por la virtud de su propia sangre […] entró una vez para siempre en el Santuario» (Heb 9:11-12); y los sacerdotes que Él instituyó no lo reemplazan, sino que participan de su sacerdocio y hacen presente su único sacrificio.
Cristo, el sumo sacerdote
Todo sumo sacerdote es «tomado de entre los hombres» y constituido en favor de ellos, «para que ofrezca dones y sacrificios por los pecados» (Heb 5:1). Cristo es el sumo sacerdote de la nueva alianza: no se atribuyó esa dignidad a sí mismo, sino que el Padre lo constituyó «sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec» (Heb 5:5-10; Sal 109:4), y se ofreció a sí mismo una vez para siempre (Heb 7:27). La figura de ese sacerdocio es Melquisedec, rey de Salem, que «presentó pan y vino, pues era sacerdote del Dios altísimo» (Gn 14:18), siglos antes de que existiera el sacerdocio de Aarón. La Carta a los Hebreos explica por qué Cristo es sacerdote según el orden de Melquisedec y no según el de Aarón: si el sacerdocio levítico hubiera bastado, no habría hecho falta que se levantara «otro sacerdote según el orden de Melquisedec», y «cambiándose el sacerdocio, fuerza es que haya también cambio de la Ley» (Heb 7:11-12; ver Terminado el antiguo pacto, empieza el nuevo). Jesús ni siquiera pertenecía a la tribu sacerdotal de Leví, sino a la de Judá, «de la cual tribu nada dice Moisés cuando habla de sacerdotes» (Heb 7:14): su sacerdocio es nuevo, y el pan y el vino de Melquisedec anuncian el sacrificio que Él instituyó en la Última Cena (ver El santo sacrificio de Jesús y la Misa). Como permanece para siempre, su sacerdocio no pasa a otro, y vive siempre para interceder por nosotros (Heb 7:24-25).
El profeta Zacarías lo había anunciado con una figura: en una visión, el sumo sacerdote del templo reconstruido, llamado Jesús (Josué), recibe vestiduras limpias, y Dios anuncia que hará venir a «mi Siervo, el Pimpollo», un nombre del Mesías (Zac 3:8). Después manda coronar a ese mismo sumo sacerdote, y dice del «hombre cuyo nombre es Pimpollo» que «se sentará para reinar sobre su trono» y «será sacerdote sobre su solio» (Zac 6:12-13): sacerdote y rey a la vez, como Melquisedec y como Cristo.
«Haced esto»
En la Última Cena, después de ofrecer su cuerpo y su sangre, Jesús mandó a los apóstoles: «Haced esto en memoria mía» (Lc 22:19; 1 Cor 11:23-25), un mandato que san Pablo transmite como algo que él mismo «recibió del Señor» (1 Cor 11:23). No fue una sugerencia, sino un mandato: «Haced esto». Para que se cumpliera hasta el fin del mundo, Cristo dio a los apóstoles el poder de hacerlo, y ellos lo transmitieron por la imposición de las manos. Por eso la Iglesia Católica sigue ordenando sacerdotes: para obedecer lo que el Señor mandó en la última cena. Les encargó hacer lo mismo que Él había hecho, y con eso los hizo partícipes de su sacerdocio (Concilio de Trento, sesión XXII, canon 2; ver El santo sacrificio de Jesús y la Misa). Resucitado, les dio además el poder de perdonar los pecados en su nombre (Jn 20:21-23; ver La confesión con un sacerdote). Isaías lo había anunciado: Dios tomaría sacerdotes y levitas también de entre las naciones (Is 66:21).
Un ministerio con lenguaje sacerdotal
El Nuevo Testamento llama a los ministros de la Iglesia con la palabra presbýteros (πρεσβύτερος), «anciano», pero les atribuye funciones sacerdotales: celebrar la Eucaristía, perdonar pecados y ungir a los enfermos (Sant 5:14). San Pablo describe su propio ministerio con el vocabulario del culto del templo: se llama leitourgós (λειτουργός) de Cristo Jesús, el término con que la Biblia griega designa a los ministros del santuario; dice que ejerce un oficio sagrado, hierourgéo (ἱερουργέω), de la misma raíz que hiereús (ἱερεύς), «sacerdote»; y presenta a los paganos convertidos como una ofrenda, prosphorá (προσφορά), que él presenta a Dios (Rom 15:16). Y el ministerio se confiere por la imposición de las manos, después de ayunar y orar (Hch 13:2-3; 14:23; 1 Tim 4:14; 2 Tim 1:6; ver La sucesión apostólica).
La imposición de las manos
El ministerio no se asume por iniciativa propia: se recibe, por la imposición de las manos de quien ya lo tiene. Así lo hizo Moisés con Josué, por mandato de Dios (Nm 27:18-23), y la Escritura dice que «Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él» (Dt 34:9). Los apóstoles hicieron lo mismo con los siete diáconos (Hch 6:6), y la Iglesia de Antioquía con Pablo y Bernabé, después de ayunar y orar (Hch 13:3). San Pablo recuerda a Timoteo el don que recibió por la imposición de sus manos (2 Tim 1:6) y de las del presbiterio (1 Tim 4:14), y le advierte que no imponga las manos a nadie con ligereza (1 Tim 5:22): el gesto confería algo que no se podía dar a cualquiera. Por eso la Carta a los Hebreos cuenta la imposición de las manos entre las enseñanzas fundamentales de la fe, junto al bautismo y la resurrección de los muertos (Heb 6:1-2). Hacia el año 215, san Hipólito describe la ordenación del obispo por la imposición de las manos de otros obispos (La tradición apostólica 2-3), y la Iglesia sigue ordenando hoy del mismo modo (Catecismo 1573).
La Iglesia registra quién ordenó a cada obispo, y esa cadena puede seguirse, nombre por nombre, durante siglos. Su continuidad hasta los apóstoles la asegura una norma que la Iglesia guarda desde el principio: nadie puede ser ordenado obispo sino por otros obispos (Concilio de Nicea, canon 4), que a su vez lo recibieron de otros, hasta los apóstoles (ver La sucesión apostólica).
El sacerdocio común y el sacerdocio ministerial
Todos los bautizados son «un sacerdocio real» (1 Pe 2:9; Ap 1:6): participan del sacerdocio de Cristo ofreciendo a Dios su vida, su oración y sus obras. Pero la Iglesia enseña que el sacerdocio ministerial de los obispos y presbíteros es distinto del común «en esencia y no solo en grado»: por el sacramento del orden, el sacerdote actúa en la persona de Cristo cabeza, para ofrecer el sacrificio eucarístico y perdonar los pecados en su nombre (Lumen Gentium 10). Así fue también en Israel: todo el pueblo era «un reino de sacerdotes» (Ex 19:6), y aun así Dios eligió a los hijos de Aarón para el servicio del altar.
Los testimonios de esta doctrina a lo largo de los siglos se reúnen en La doctrina eterna de la Iglesia Católica desde Jesús y los apóstoles.
Fundamentos bíblicos (14)
Heb 5:1 · Tomado de entre los hombres
«Todo Sumo Sacerdote tomado de entre los hombres es constituido en bien de los hombres, en lo concerniente a Dios, para que ofrezca dones y sacrificios por los pecados,»Heb 5:1, Biblia de Straubinger
El sacerdote es un hombre elegido para ofrecer a Dios dones y sacrificios en favor de los demás.
Gn 14:18 · Melquisedec, sacerdote del Dios altísimo
«Entonces Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues era sacerdote del Dios altísimo.»Gn 14:18, Biblia de Straubinger
Un sacerdote anterior al de Aarón, que ofrece pan y vino: la figura del sacerdocio de Cristo.
Heb 7:11-14 · Otro sacerdote, según el orden de Melquisedec
«Si, pues, la perfección se hubiera dado por medio del sacerdocio levítico, ya que bajo él recibió el pueblo la Ley ¿qué necesidad aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melquisedec y que no se denominase según el orden de Aarón? Porque cambiándose el sacerdocio, fuerza es que haya también cambio de la Ley. Pues aquel de quien esto se dice, pertenecía a otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. En efecto, manifiesto es que de Judá brotó el Señor nuestro, de la cual tribu nada dice Moisés cuando habla de sacerdotes.»Heb 7:11-14, Biblia de Straubinger
Con Cristo comienza un sacerdocio nuevo, que no es el de la tribu de Leví.
Heb 5:5-6 · Sacerdote según el orden de Melquisedec
«Así Cristo no se exaltó a Sí mismo en hacerse Sumo Sacerdote, sino Aquel que le dijo: “Mi Hijo eres Tú, hoy te he engendrado”. Como también dice en otro lugar: “Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”.»Heb 5:5-6, Biblia de Straubinger
Cristo es el sumo sacerdote de la nueva alianza.
Heb 5:10 · Constituido por Dios Sumo Sacerdote
«Siendo constituido por Dios Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.»Heb 5:10, Biblia de Straubinger
El sacerdocio de Cristo no es una dignidad que Él se atribuyó, sino que el Padre le dio.
Zac 3:8 · Jesús, sumo sacerdote, y mi Siervo, el Pimpollo
«¡Oye oh Jesús, Sumo Sacerdote, tú y tus compañeros que se sientan en tu presencia! pues son varones de presagio; porque he aquí que haré venir a mi Siervo, el Pimpollo.»Zac 3:8, Biblia de Straubinger
Straubinger anota que Jesús (Josué) y los sacerdotes que lo acompañan son figuras de un nuevo sacerdocio según el orden de Melquisedec, y que el Targum traduce «Pimpollo» como «el Mesías».
Zac 6:12-13 · Sacerdote sobre su solio
«He aquí el hombre cuyo nombre es Pimpollo, el cual germinará en su lugar y edificará el Templo de Yahvé. Él edificará el Templo de Yahvé, y será revestido de gloria; y se sentará para reinar sobre su trono. Él será sacerdote sobre su solio.»Zac 6:12-13, Biblia de Straubinger
Un mismo personaje es a la vez sacerdote y rey, como Melquisedec y como Cristo.
Sal 109:4 · Sacerdote para siempre
«Yahvé lo juró y no se arrepentirá: “Tú eres Sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec”.»Sal 109:4, Biblia de Straubinger
El salmo que la Carta a los Hebreos aplica a Cristo.
Lc 22:19-20 · «Haced esto en memoria mía»
«Y habiendo tomado pan y dado gracias, (lo) rompió, y les dio diciendo: “Este es el cuerpo mío, el que se da para vosotros. Haced esto en memoria mía”. Y asimismo el cáliz, después que hubieron cenado, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que se derrama para vosotros.”»Lc 22:19-20, Biblia de Straubinger
Jesús encarga a los apóstoles hacer lo que Él hizo: ofrecer su cuerpo y su sangre.
Is 66:21 · Sacerdotes de entre las naciones
«Y de entre ellos tomaré también a algunos para sacerdotes y levitas, dice Yahvé.»Is 66:21, Biblia de Straubinger
Dios anuncia que tomará sacerdotes también de entre los pueblos paganos.
Rom 15:16 · Ministro de Cristo Jesús
«de ser ministro de Cristo Jesús entre los gentiles, ejerciendo el ministerio del Evangelio de Dios, para que la oblación de los gentiles sea acepta, siendo santificada por el Espíritu Santo.»Rom 15:16, Biblia de Straubinger
San Pablo describe su ministerio con el vocabulario del culto del templo.
Hch 13:2-3 · Les impusieron las manos
«A ellos, mientras ejercían el ministerio ante el Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: “Separadme a Bernabé y Saulo para la obra a la cual los tengo elegidos”. Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los despidieron.»Hch 13:2-3, Biblia de Straubinger
El ministerio se confiere por la imposición de las manos, después de ayunar y orar.
1 Tim 4:14 · El carisma recibido por la imposición de las manos
«No descuides el carisma que hay en ti y que te fue dado en virtud de profecía, mediante imposición de las manos de los presbíteros.»1 Tim 4:14, Biblia de Straubinger
Timoteo recibió su ministerio por la imposición de las manos de los presbíteros.
1 Pe 2:9 · Un sacerdocio real
«Pero vosotros sois un “linaje escogido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo conquistado, para que anunciéis las grandezas de Aquel que de las tinieblas os ha llamado a su admirable luz”;»1 Pe 2:9, Biblia de Straubinger
Todos los bautizados participan del sacerdocio de Cristo, distinto del sacerdocio ministerial.
Objeciones (4)
Todos somos sacerdotes (1 Pe 2:9)
San Pedro cita las palabras que Dios dijo a Israel en el Sinaí: «seréis para mí un reino de sacerdotes» (Ex 19:6). Y en Israel, aunque todo el pueblo era sacerdotal, solo los hijos de Aarón ofrecían los sacrificios. Del mismo modo, todos los bautizados participan del sacerdocio de Cristo, y algunos reciben además el sacerdocio ministerial (Lumen Gentium 10).
Cristo es el único sacerdote (Heb 7:24)
La Carta a los Hebreos habla de Cristo como el único sumo sacerdote, que ofreció el sacrificio perfecto una vez para siempre. Pero también en la antigua alianza había un solo sumo sacerdote, y muchos sacerdotes. Los sacerdotes de la Iglesia no son otros sumos sacerdotes ni ofrecen otro sacrificio: participan del único sacerdocio de Cristo y hacen presente su único sacrificio.
Es cierto, y por eso el sacerdote católico no tiene un sacerdocio propio, distinto del de Cristo: participa del único sacerdocio de Cristo y actúa en su nombre. No es un segundo sacerdote junto a Cristo, sino un ministro por medio del cual Cristo mismo actúa.
El Nuevo Testamento nunca llama «sacerdotes» a los presbíteros
La palabra que usa es presbýteros (πρεσβύτερος), «anciano», pero les atribuye funciones sacerdotales: celebrar la Eucaristía (Lc 22:19), perdonar pecados (Jn 20:23) y ungir a los enfermos (Sant 5:14). Y san Pablo describe su propio ministerio con el vocabulario del culto del templo (Rom 15:16). La palabra castellana «presbítero» y su forma abreviada «preste» vienen de presbýteros: con el tiempo, la palabra que designaba al anciano de la comunidad pasó a nombrar al sacerdote.
Cristo instituyó pastores y maestros, no sacerdotes ni obispos (Ef 4:11)
Efesios 4:11 enumera dones que Cristo da a su Iglesia, no una lista completa de sus ministerios. El mismo Nuevo Testamento nombra a los obispos (epískopoi), los presbíteros (presbýteroi) y los diáconos: san Pablo saluda a los santos de Filipos «con los obispos y diáconos» (Flp 1:1), y explica a Timoteo y a Tito cómo deben ser (1 Tim 3:1-13; Tit 1:5-9).
Además, los «pastores» del Nuevo Testamento son justamente esos ministros. Jesús mandó a Pedro apacentar sus ovejas (Jn 21:15-17); san Pablo dijo a los presbíteros de Éfeso que el Espíritu Santo los había puesto como obispos para apacentar la Iglesia de Dios (Hch 20:28); y san Pedro pide a los presbíteros: «Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros» (1 Pe 5:1-2). Llamar «pastor» a un ministro es correcto, pero el pastor del Nuevo Testamento es el obispo o el presbítero, ordenado por la imposición de las manos (1 Tim 4:14).
Y la lista de Efesios empieza por los apóstoles. Su ministerio no terminó con ellos: lo transmitieron a otros, como muestran la elección de Matías (Hch 1:15-26) y la cadena que describe san Pablo (2 Tim 2:2; ver La sucesión apostólica). La misma palabra «presbítero», que en griego significa «anciano», dio origen en varias lenguas a la palabra «sacerdote», como el prêtre francés o el priest inglés.
Fuentes
Versiones de la Biblia
- Biblia de Straubinger (Universidad Católica de La Plata, 2.ª ed., 2009)
- Texto griego del Nuevo Testamento
Textos citados
- Concilio de Trento, sesión XXII, canon 2 (1562)
- Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 10 (1964)
- Nota de Straubinger a Zacarías 3:8
Los textos bíblicos se citan según la Biblia de Straubinger. Los textos de los Padres de la Iglesia y de los concilios se citan en traducción directa del original.
Cómo citar este tema
Para quien busca la Verdad. (2026, 19 de octubre). Jesús instituye el sacerdocio. Recuperado el 21 de octubre de 2026, de https://veritasveritatum.com/es/sacerdocio/
Cita copiada
Para quien busca la Verdad