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La Virginidad perpetua de María

Lectura: 8 minutos · Actualizado el 21 de octubre de 2026

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Fra Angelico, La Anunciación (c. 1426). Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Una virgen concebirá y dará a luz

Isaías anunció, como señal dada por Dios, que una virgen concebiría y daría a luz un hijo, y le pondría por nombre Emmanuel (Is 7:14). La palabra hebrea del profeta, almah (עַלְמָה), designa a una joven doncella; pero los judíos que tradujeron las Escrituras al griego en Alejandría, siglos antes de Cristo, la tradujeron parthenos (παρθένος), «virgen». Así entendía la profecía el mismo pueblo judío antes de que naciera Jesús y así la cita san Mateo al verla cumplida en Él: María concibió por obra del Espíritu Santo antes de convivir con José y José no la conoció (Mt 1:18-25). San Lucas lo confirma desde el relato de la misma María (Lc 1:34-35). Que María concibió siendo virgen no se discute entre los cristianos. La cuestión es si siguió siéndolo.

«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?»

Cuando el ángel le anuncia que concebirá un hijo, María ya estaba desposada con José (Lc 1:27). Cualquier mujer desposada que oyera ese anuncio lo entendería referido a su futuro matrimonio. María, en cambio, se sorprende y pregunta: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?» (Lc 1:34). La pregunta solo tiene sentido si María no pensaba conocer varón tampoco en el futuro. Es como si a alguien que no come carne le anunciaran que mañana comerá un asado, y respondiera: «¿cómo, si no como carne?». No habla solo de lo que hace hoy, sino de lo que ha decidido para siempre. Así lo entendió san Agustín: María no habría hecho esa pregunta si no se hubiera consagrado a Dios con su virginidad (La santa virginidad 4).

Un parto sin asistencia

La profecía de Isaías tiene dos partes, y las dos tienen el mismo sujeto: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo» (Is 7:14; Mt 1:23). ¿Quién concebirá? La virgen. ¿Y quién dará a luz? La misma virgen. El profeta no anuncia solo una concepción virginal, sino también un parto virginal: la que da a luz sigue siendo llamada virgen.

San Lucas cuenta que María dio a luz a su hijo, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre (Lc 2:7). Ninguna partera la asistió: ella misma se ocupó del niño recién nacido. San Jerónimo lo señala expresamente: «No hubo allí partera. […] Ella misma envolvió en pañales al niño; ella fue a la vez madre y partera» (Contra Helvidio 8). Es el signo de un parto fuera de lo común, en el que la madre no quedó quebrantada.

Un solo hijo

En toda la infancia de Jesús aparece un solo hijo. Los magos «vieron al niño con María su madre» (Mt 2:11). Herodes manda matar a los niños de Belén de hasta dos años y el ángel ordena a José tomar «al niño y a su madre» y huir a Egipto (Mt 2:13-14). Tiempo después, muerto Herodes, le ordena otra vez tomar «al niño y a su madre» y volver (Mt 2:20-21). La expresión se repite cinco veces, siempre igual. Años después, cuando Jesús tiene doce, la familia sube a Jerusalén y José y María lo buscan con angustia durante tres días (Lc 2:41-51). El relato no menciona ningún otro hijo: toda la preocupación está puesta en Jesús. En una familia judía de la época, después de doce años de matrimonio, lo esperable habría sido que hubiera otros hijos y que viajaran con ellos.

«El hijo de María»

Ya en su vida pública, cuando Jesús predica en Nazaret, sus vecinos preguntan si no es él el carpintero, «el hijo de María» (Mc 6:3). No dicen «uno de los hijos de María», sino «el hijo».

La palabra «hermano» en la Biblia

En hebreo y en arameo no había una palabra para «primo» ni para «sobrino»: «hermano» designaba a cualquier pariente cercano. Abraham llama hermano a Lot, que era su sobrino (Gn 11:27; 13:8), y Labán llama hermano a Jacob, que también era su sobrino (Gn 29:15). Los evangelios, escritos en griego por judíos, conservan ese uso.

Además, la misma Escritura muestra de quién eran hijos al menos dos de ellos. Al pie de la cruz estaba María, la madre de Santiago y de José (Mt 27:56; Mc 15:40), que san Juan llama María de Cleofás (Jn 19:25). Es otra María, distinta de la madre de Jesús.

Por último, en el Nuevo Testamento «hermanos» se usa con un sentido todavía más amplio. Después de la Ascensión, los apóstoles se reúnen con María y los hermanos de Jesús, y el grupo de hermanos suma unas ciento veinte personas (Hch 1:14-15). Y san Pablo cuenta que Jesús resucitado se apareció a más de quinientos hermanos a la vez (1 Cor 15:6). Si «hermanos» significara siempre hijos de la misma madre, habría que concluir que María tuvo más de quinientos hijos.

El Nuevo Testamento usa la palabra «hermano» en el mismo sentido amplio. Jesús llama «hermano» al prójimo con quien uno se enoja (Mt 5:22-24) y a aquel en cuyo ojo se ve la paja (Mt 7:3-5); llama hermanos a sus discípulos: «Quienquiera que haga la voluntad de mi Padre celestial, éste es mi hermano, hermana o madre» (Mt 12:50); y resucitado, manda a las mujeres a avisar «a mis hermanos», refiriéndose a los apóstoles (Mt 28:10). En los días previos a Pentecostés, Pedro se dirige a una asamblea de unos ciento veinte «hermanos» (Hch 1:15).

Quiénes eran Santiago, José, Judas y Simón

Los evangelios nombran a cuatro «hermanos» de Jesús: Santiago, José, Judas y Simón (Mt 13:55; Mc 6:3). La Escritura y los primeros testimonios permiten saber quiénes eran. Ante todo, los tres evangelistas que nombran a las mujeres junto a la cruz mencionan a otra María, distinta de la madre de Jesús:

EvangelioMujeres junto a la cruz
Mt 27:56María la Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo
Mc 15:40María la Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé
Jn 19:25Su madre, la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena
  • Santiago y José eran hijos de esa otra María. Mateo y Marcos la identifican como su madre; Juan, como la mujer de Cleofás, pariente de la Virgen, y Straubinger anota que su marido «se llamaba Cleofás o Alfeo». Por eso Straubinger, siguiendo la tradición latina desde san Jerónimo, identifica a Santiago, «el hermano del Señor» (Gál 1:19), con el apóstol Santiago el Menor, hijo de Alfeo (Mt 10:3; Lc 6:15), que fue obispo de Jerusalén (Hch 15:13; Gál 2:9), y concluye que «hermano» significa aquí «pariente». En su carta, él mismo no se presenta como hermano de Jesús, sino como «siervo de Dios y del Señor Jesucristo» (Sant 1:1).
  • Judas era hermano de ese Santiago. La lista de los apóstoles de san Lucas lo llama «Judas de Santiago» (Lc 6:12-16; Hch 1:13), y en el mismo lugar san Mateo nombra a Tadeo (Mt 10:2-4), por lo que la tradición lo conoce como Judas Tadeo. En su carta se presenta como «Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago» (Jds 1): se reconoce hermano de Santiago, pero de Jesús se dice siervo.
  • Simón es, según la tradición, Simeón, hijo de Cleofás, que sucedió a Santiago como obispo de Jerusalén. Hegesipo, escritor cristiano del siglo II, dice que era primo del Señor, porque Cleofás era hermano de José (citado por Eusebio, Historia eclesiástica III, 11 y IV, 22, 4).

Los evangelios distinguen además a estos «hermanos» de los discípulos. Mientras Jesús enseñaba, «su madre y sus hermanos» estaban afuera, queriendo hablarle, y Él señaló a sus discípulos como su verdadera familia (Mt 12:46-50); «los suyos» salieron a buscarlo, porque decían que estaba fuera de sí (Mc 3:21); y san Juan anota que «ni siquiera sus hermanos creían en Él» (Jn 7:5). Se trata de un grupo de parientes, no de hijos de María: si lo hubieran sido, Jesús no habría confiado su madre al discípulo amado al morir.

Al pie de la cruz

Antes de morir, Jesús confía su madre al discípulo amado y desde este momento el discípulo la recibe consigo (Jn 19:26-27). Según la costumbre judía, si María hubiera tenido otros hijos, a ellos les correspondía hacerse cargo de su madre viuda. Que Jesús la entregue a Juan solo se explica si María no tenía otros hijos que la recibieran (ver también María, madre de todos los cristianos).

El arca que nadie podía tocar

El arca de la alianza tenía una dignidad tan grande que nadie podía tocarla. La Ley mandaba que ni siquiera los levitas encargados de transportarla tocaran los objetos santos, bajo pena de muerte (Nm 4:15). Cuando los bueyes que llevaban el arca tropezaron, Ozá extendió la mano para sostenerla y Dios lo hirió allí mismo, junto al arca (2 Sam 6:6-7). Y sin embargo, el arca solo guardaba las tablas de la Ley, un poco de maná y la vara de Aarón: objetos relacionados con Dios.

María es la nueva arca (ver La Inmaculada Concepción): la que llevó en su seno no las tablas de la Ley, sino al mismo Hijo de Dios. Si el arca antigua era tan santa que nadie podía tocarla, cuánto más convenía que permaneciera intacta la que había contenido a Dios mismo. Así lo entendió la Iglesia: el seno que había sido morada del Santo quedó consagrado para siempre.

La puerta cerrada

En la visión del templo futuro, Dios lleva a Ezequiel hacia la puerta exterior del santuario, la que mira al oriente y estaba cerrada. Y Yahvé le dice: «Esta puerta estará cerrada, no se abrirá, y no entrará nadie por ella, porque ha entrado por ella Yahvé, el Dios de Israel; por eso quedará cerrada» (Ez 44:1-2). La puerta por la que pasó Dios queda reservada solo a Él. Desde el siglo IV, san Ambrosio y san Jerónimo vieron en esa puerta a María: por ella entró Dios en el mundo, y quedó cerrada para siempre (La educación de la virgen 8, 52; Comentario a Ezequiel XIII, 44).

Lo que la Iglesia reconoció

Desde los primeros siglos, la Iglesia llamó a María «siempre virgen». El II Concilio de Constantinopla (553) usa ese título, y el Concilio de Letrán del año 649 enseña que María concibió por obra del Espíritu Santo, dio a luz sin corrupción y permaneció virgen después del parto. La Iglesia confiesa así la virginidad real y perpetua de María: antes, durante y después del nacimiento de Jesús (Catecismo 499-501).

Los testimonios de esta doctrina a lo largo de los siglos se reúnen en La doctrina eterna de la Iglesia Católica desde Jesús y los apóstoles.

Fundamentos bíblicos (10)

  • Is 7:14 · La virgen concebirá
    «Por tanto el Señor mismo os dará una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.»Is 7:14, Biblia de Straubinger

    La traducción griega de los judíos dice parthenos (παρθένος), «virgen».

  • Ez 44:1-2 · La puerta cerrada
    «Después me hizo volver hacia la puerta exterior del Santuario, la cual mira al oriente; y estaba cerrada. Y Yahvé me dijo: “Esta puerta estará cerrada, no se abrirá, y no entrará nadie por ella, porque ha entrado por ella Yahvé, el Dios de Israel; por eso quedará cerrada”.»Ez 44:1-2, Biblia de Straubinger

    Por ella entró el Señor y quedará cerrada; san Ambrosio y san Jerónimo la aplicaron a María.

  • Mt 1:18-25 · Por obra del Espíritu Santo
    «La generación de Jesucristo fue como sigue: Desposada su madre María con José, se halló antes de vivir juntos ellos, que había concebido del Espíritu Santo. […] Cuando despertó del sueño, hizo José como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su esposa. Y sin que la conociera, dio ella a luz un hijo y le puso por nombre Jesús.»Mt 1:18 y 24-25, Biblia de Straubinger

    María concibe sin intervención de José.

  • Mt 2:11-21 · El niño y su madre
    «Luego que partieron, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto, donde permanecerás, hasta que yo te avise. Porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. Y él se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, y salió para Egipto.»Mt 2:13-14, Biblia de Straubinger

    Cinco veces la misma expresión, sin otros hijos.

  • Lc 1:26-35 · No conozco varón
    «Entonces María dijo al ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”»Lc 1:34, Biblia de Straubinger

    La pregunta de una mujer desposada que ha decidido permanecer virgen.

  • Lc 2:7 · Lo envolvió en pañales
    «Y dio a luz a su hijo primogénito; y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la hostería.»Lc 2:7, Biblia de Straubinger

    Un parto sin asistencia.

  • Lc 2:41-51 · El niño perdido en el templo
    «Al verlo (sus padres) quedaron admirados y le dijo su madre: “Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros? Tu padre y yo, te estábamos buscando con angustia”.»Lc 2:48, Biblia de Straubinger

    Toda la angustia de José y María está puesta en su único hijo.

  • Mc 6:3 · El hijo de María
    «¿No es Éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?” Y se escandalizaban de Él.»Mc 6:3, Biblia de Straubinger

    No «uno de los hijos», sino «el hijo».

  • Mt 27:56 y Mc 15:40 · María, madre de Santiago y de José
    «Entre ellas se hallaban María la Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. […] Había también allí unas mujeres mirando desde lejos, entre las cuales también María la Magdalena, y María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé.»Mt 27:56 y Mc 15:40, Biblia de Straubinger

    Los llamados hermanos de Jesús eran hijos de otra María.

  • Jn 19:26-27 · Ahí tienes a tu madre
    «Jesús, viendo a su madre y, junto a ella, al discípulo que amaba, dijo a su madre: “Mujer, he ahí a tu hijo”. Después dijo al discípulo: “He ahí a tu madre”. Y desde este momento el discípulo la recibió consigo.»Jn 19:26-27, Biblia de Straubinger

    Jesús entrega a su madre a Juan porque no tenía otros hijos.

Objeciones (5)

  • Los evangelios mencionan a los hermanos de Jesús: Santiago, José, Simón y Judas (Mt 13:55; Mc 6:3)

    En la Biblia, «hermano» designa a cualquier pariente cercano, y también a los discípulos y a los creyentes; y la misma Escritura muestra que al menos dos de ellos eran hijos de otra María. Se explica en los apartados «La palabra “hermano” en la Biblia» y «Quiénes eran Santiago, José, Judas y Simón» de este mismo tema.

  • «José no la conoció hasta que dio a luz» (Mt 1:25)

    Así traducen el versículo muchas Biblias; Straubinger lo traduce «Y sin que la conociera, dio ella a luz un hijo». En griego dice héos hoû (ἕως οὗ), «hasta que», una expresión que afirma lo que ocurrió antes de un momento, sin decir nada de lo que ocurrió después. Así se usa muchas veces en la Escritura:

    • Dios promete a Jacob: «no te abandonaré hasta haber cumplido cuanto te he dicho» (Gn 28:15), y nadie entiende que después lo abandonaría.
    • «Micol, hija de Saúl, no tuvo hijo hasta el día de su muerte» (2 Sam 6:23), y nadie entiende que los tuvo después de muerta. Monseñor Straubinger lo señala en su nota a este versículo: la gramática hebrea usa la partícula «hasta» en otro sentido que las lenguas modernas, y remite justamente a Mateo 1:25.
    • El cuervo que Noé soltó desde el arca salía y retornaba hasta que se secaron las aguas (Gn 8:7), sin que eso signifique que después volviera al arca.
    • Dios dice al Mesías: «Siéntate a mi diestra, hasta que Yo ponga a tus enemigos por escabel de tus pies» (Sal 109:1; Mt 22:44), y Cristo no dejará de estar a la derecha del Padre cuando sus enemigos estén vencidos.
    • Jesús promete estar con los suyos todos los días hasta la consumación del siglo (Mt 28:20), y no dejará de estarlo después.

    San Mateo quiere dejar claro que Jesús no fue concebido por obra de José, sino del Espíritu Santo. Lo que ocurrió después del nacimiento no es el tema del versículo.

  • Jesús fue el «primogénito» (Lc 2:7), así que hubo otros hijos

    En la Ley de Moisés, «primogénito» era un título legal que se daba al hijo apenas nacía: todo primer hijo que abría el seno materno debía ser consagrado a Dios (Ex 13:2), sin esperar a saber si tendría hermanos. La misma ley lo repite: «Me darás el primogénito de tus hijos» (Ex 22:29). Y el profeta Zacarías usa las dos palabras como equivalentes, hablando del mismo hijo: «Lo llorarán, como se llora al unigénito, y harán duelo amargo por él, como suele hacerse por el primogénito» (Zac 12:10). Llamar a alguien primogénito no supone que tenga hermanos: el primogénito puede ser también el único. Por eso san Lucas lo menciona justamente cuando José y María presentan a Jesús en el templo para cumplir esa ley (Lc 2:22-23). Una inscripción funeraria judía hallada en Egipto, del año 5 a. C., cuenta que una mujer murió al dar a luz a su «primogénito», que fue su único hijo.

    Además, en la Escritura la primogenitura era una dignidad, con sus derechos, que no dependía de cuántos hijos hubiera, y que incluso podía pasar a otro. Esaú vendió su primogenitura a Jacob, su hermano menor (Gn 25:31-34). Rubén, el mayor de los hijos de Jacob, la perdió, y pasó a los hijos de José (1 Cr 5:1-2). José tuvo dos hijos, Manasés y Efraín (Gn 41:51-52), y Jacob bendijo como primero al menor (Gn 48:13-20); por eso Dios dice por medio de Jeremías: «Efraím es mi primogénito» (Jer 31:9). Dios promete hacer primogénito a David, que era el menor de sus hermanos (Sal 88:28), y llama a todo Israel su hijo primogénito (Ex 4:22). Y el Apocalipsis llama a Jesús «el primogénito de los muertos» (Ap 1:5), aunque otros habían vuelto a la vida antes que Él: es el primero en dignidad, el que resucitó para no morir más. En ninguno de estos casos la palabra cuenta hermanos: indica un lugar de honor. Llamar a Jesús «primogénito» no dice nada sobre otros hijos de María.

  • José y María eran esposos: no tiene sentido un matrimonio así

    El matrimonio de José y María fue verdadero, y el vínculo no depende de la unión carnal. Su matrimonio tuvo una misión única: custodiar al Hijo de Dios.

  • La virginidad perpetua es un invento católico

    La virginidad perpetua de María fue sostenida por los Padres de la Iglesia, de Oriente y de Occidente (ver La doctrina eterna de la Iglesia Católica desde Jesús y los apóstoles), y hasta por los primeros reformadores: Lutero y Zuinglio.

Fuentes

Versiones de la Biblia

  • Biblia de Straubinger (Universidad Católica de La Plata, 2.ª ed., 2009)
  • Texto hebreo masorético
  • Texto griego del Nuevo Testamento

Textos citados

  • San Jerónimo, Contra Helvidio 8 (c. 383)
  • San Ambrosio, La educación de la virgen 8, 52 (c. 392)
  • San Jerónimo, Comentario a Ezequiel XIII, 44 (c. 414)
  • San Agustín, La santa virginidad 4 (c. 401)
  • II Concilio de Constantinopla (553)
  • Concilio de Letrán, canon 3 (649)
  • Catecismo de la Iglesia Católica 499-501 (1992)
  • Hegesipo, citado por Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica III, 11 y IV, 22, 4 (c. 325)
  • Jds 1
  • Notas de Straubinger a Mateo 28:1 y a Gálatas 1:19
  • Nota de Straubinger a 2 Samuel 6:23

Los textos bíblicos se citan según la Biblia de Straubinger. Los textos de los Padres de la Iglesia y de los concilios se citan en traducción directa del original.

Cómo citar este tema

Para quien busca la Verdad. (2026, 21 de octubre). La Virginidad perpetua de María. Recuperado el 21 de octubre de 2026, de https://veritasveritatum.com/es/virginidad-perpetua/

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