María, madre de todos los cristianos
Lectura: 4 minutos · Actualizado el 21 de octubre de 2026
Piero della Francesca, Virgen de la Misericordia (1445-1462). Vía Wikimedia Commons.
Hermanos de Cristo, hijos de su familia
La Escritura llama a los cristianos hermanos de Cristo. Resucitado, Jesús manda a decir a sus discípulos «mis hermanos» (Mt 28:10). San Pablo enseña que Cristo es el primogénito entre muchos hermanos (Rom 8:29) y la Carta a los Hebreos, que no se avergüenza de llamarnos hermanos (Heb 2:11). Somos hermanos suyos por adopción: Dios nos hizo hijos adoptivos y por eso podemos llamarlo Padre (Gál 4:4-7). Pero la adopción no hace entrar a alguien en una parte de la familia, sino en la familia entera. Si el Padre de Cristo es nuestro Padre por adopción, su Madre es también nuestra madre.
La mujer y el resto de su linaje
En el capítulo 12 del Apocalipsis aparece una mujer revestida del sol que da a luz un hijo varón destinado a regir todas las naciones con vara de hierro (Ap 12:5). Ese hijo es Cristo, como anunciaba el Salmo 2. Pero el relato no termina ahí: el dragón, al no poder vencer a la mujer, «se fue a hacer guerra contra el resto del linaje de ella, los que guardan los mandamientos de Dios» y mantienen el testimonio de Jesús (Ap 12:17). La mujer tiene, entonces, otros hijos además de Cristo: los que creen en Él y siguen sus enseñanzas. La propia Escritura llama descendencia de la mujer a todo verdadero cristiano: a los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús (Ap 12:17).
«He ahí a tu madre»
Al pie de la cruz, Jesús ve a su madre y junto a ella al discípulo que amaba, y le dice a ella: «Mujer, he ahí a tu hijo»; y al discípulo: «He ahí a tu madre». Y desde este momento el discípulo la recibió consigo (Jn 19:26-27). San Juan no da el nombre del discípulo: lo presenta como el discípulo amado, figura de todo discípulo fiel. Jesús no solo confía a María al cuidado de Juan (ver La Virginidad perpetua de María): confía el discípulo a María como hijo. Orígenes, en el siglo III, escribía que nadie puede comprender el Evangelio de Juan si no ha reclinado la cabeza sobre el pecho de Jesús y no ha recibido de Él a María como madre (Comentario al Evangelio de Juan I, 6).
La nueva Eva
Después del pecado, «Adán puso a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes» (Gn 3:20). Desde el siglo II, los Padres de la Iglesia ven en María a la nueva Eva: lo que Eva ató con su desobediencia, María lo desató con su obediencia. San Ireneo de Lyon, discípulo de Policarpo, que lo había sido de Juan, escribe que María, al obedecer, se convirtió en causa de salvación para sí misma y para todo el género humano (Contra las herejías III, 22, 4). Si Eva es madre de todos los que viven según la naturaleza, María es madre de todos los que viven según la gracia (ver La Inmaculada Concepción).
Una madre que intercede
El Evangelio muestra a María ejerciendo esa maternidad. En las bodas de Caná advierte que falta vino, se lo dice a su Hijo y a los sirvientes les indica: «Cualquier cosa que Él os diga, hacedla» (Jn 2:1-11). Jesús estaba presente, y aun así la necesidad le llegó por medio de su madre (ver La intercesión de los santos). Y después de la Ascensión, los apóstoles perseveran en la oración junto con María, la madre de Jesús, esperando al Espíritu Santo (Hch 1:14). Desde el comienzo, la madre de Cristo está en medio de la Iglesia naciente.
Lo que la Iglesia reconoció
El Concilio Vaticano II enseña, citando a san Agustín, que María es verdaderamente madre de los miembros de Cristo, porque cooperó con su amor a que nacieran en la Iglesia los fieles y que por eso es nuestra madre en el orden de la gracia (Lumen Gentium 53 y 61). Al clausurar la tercera sesión del Concilio, el 21 de noviembre de 1964, el papa san Pablo VI la proclamó Madre de la Iglesia. Esta maternidad no compite con Cristo, único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2:5): el mismo Concilio aclara que no oscurece ni disminuye esa única mediación, sino que muestra su eficacia (Lumen Gentium 60). Todo lo que María hace por sus hijos, lo hace por Cristo y hacia Él, como en Caná.
Fundamentos bíblicos (8)
Gn 3:15 y 20 · La mujer y la madre de los vivientes
«Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: éste te aplastará la cabeza, y tú le aplastarás el calcañar. […] Adán puso a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes.»Gn 3:15 y 20, Biblia de Straubinger
La primera promesa de salvación y el nombre de Eva anuncian a la nueva Eva.
Jn 2:1-11 · Las bodas de Caná
«Y llegando a faltar vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le dijo: “¿Qué (nos va en esto) a Mí y a ti, mujer? Mi hora no ha venido todavía”. Su madre dijo a los sirvientes: “Cualquier cosa que Él os diga, hacedla”.»Jn 2:3-5, Biblia de Straubinger
María intercede y dice: «Hagan lo que Él les diga».
Jn 19:25-27 · Ahí tienes a tu madre
«Junto a la cruz de Jesús estaba de pie su madre, y también la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y, junto a ella, al discípulo que amaba, dijo a su madre: “Mujer, he ahí a tu hijo”. Después dijo al discípulo: “He ahí a tu madre”. Y desde este momento el discípulo la recibió consigo.»Jn 19:25-27, Biblia de Straubinger
Jesús entrega a su madre al discípulo amado, y el discípulo a su madre.
Hch 1:14 · Con María, la madre de Jesús
«Todos ellos perseveraban unánimes en oración, con las mujeres, con María, la madre de Jesús, y con los hermanos de Éste.»Hch 1:14, Biblia de Straubinger
La Iglesia naciente ora junto a ella.
Rom 8:29 · Primogénito entre muchos hermanos
«Porque Él, a los que preconoció, los predestinó a ser conformes a la imagen de su Hijo, para que Éste sea el primogénito entre muchos hermanos.»Rom 8:29, Biblia de Straubinger
Somos hermanos de Cristo.
Gál 4:4-7 · Hijos adoptivos
«Mas cuando vino la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, formado de mujer, puesto bajo la Ley, para que redimiese a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y porque sois hijos, envió Dios a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: “¡Abba, Padre!” De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por merced de Dios.»Gál 4:4-7, Biblia de Straubinger
La adopción nos hace entrar en la familia de Cristo.
Heb 2:11 · No se avergüenza de llamarlos hermanos
«Porque todos, tanto el que santifica, como los que son santificados, vienen de uno solo, por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos.»Heb 2:11, Biblia de Straubinger
Cristo mismo nos reconoce como hermanos.
Ap 12:1-5 y 17 · La mujer y el resto de su descendencia
«Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer revestida del sol y con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas. […] Y se enfureció el dragón contra la mujer, y se fue a hacer guerra contra el resto del linaje de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.»Ap 12:1 y 17, Biblia de Straubinger
La madre del Mesías tiene otros hijos: los que siguen a Cristo.
Objeciones (4)
Jesús solo encargó a Juan que cuidara de su madre
San Juan no escribe una anécdota familiar: no da el nombre del discípulo, y Jesús llama a María «Mujer», como en Caná, título que remite a la mujer de Génesis 3:15. Además, Jesús no solo entrega María a Juan, sino Juan a María como hijo. Así lo leyeron los Padres, como Orígenes.
Solo Cristo es mediador (1 Tim 2:5)
El versículo anterior pide que se hagan oraciones por todos los hombres (1 Tim 2:1-4): la intercesión de unos por otros no compite con la mediación de Cristo. El Concilio Vaticano II enseña que la maternidad de María no oscurece esa mediación única, sino que muestra su eficacia (Lumen Gentium 60).
(Ver La intercesión de los santos.)
Jesús desautorizó a su madre cuando dijo que su madre es quien cumple la voluntad de Dios (Mt 12:48-50)
Jesús no niega a su madre: dice qué es lo que hace grande a alguien ante Dios. Y nadie cumplió la voluntad de Dios como María, que dijo «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1:38) y fue llamada dichosa por haber creído (Lc 1:45).
Honrar a María quita honor a Dios
María misma anunció que todas las generaciones la llamarían bienaventurada, por las grandes cosas que Dios hizo en ella (Lc 1:48-49). Honrar a la madre es honrar al Hijo que la eligió. Hay numerosísimas citas bíblicas que mandan honrar y venerar a quien corresponde: «Honra a tu padre y a tu madre» (Ex 20:12); y san Pablo pide dar a cada uno el honor que le corresponde (Rom 13:7); y el rey Salomón se levantó ante su madre, se postró ante ella y la hizo sentar a su derecha (1 Re 2:19). Las Escrituras no nos van a indicar algo que le quite honra a Dios (ver Las imágenes sagradas).
Fuentes
Versiones de la Biblia
- Biblia de Straubinger (Universidad Católica de La Plata, 2.ª ed., 2009)
Textos citados
- San Ireneo de Lyon, Contra las herejías III, 22, 4 (c. 180)
- Orígenes, Comentario al Evangelio de Juan I, 6 (c. 230)
- San Agustín, La santa virginidad 6 (c. 401)
- Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 53 y 60-62 (1964)
- San Pablo VI, discurso de clausura de la tercera sesión del Concilio (1964)
- Catecismo de la Iglesia Católica 963-970 (1992)
Los textos bíblicos se citan según la Biblia de Straubinger. Los textos de los Padres de la Iglesia y de los concilios se citan en traducción directa del original.
Cómo citar este tema
Para quien busca la Verdad. (2026, 21 de octubre). María, madre de todos los cristianos. Recuperado el 21 de octubre de 2026, de https://veritasveritatum.com/es/maria-madre-cristianos/
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