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El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (Filioque)

Lectura: 4 minutos · Actualizado el 18 de octubre de 2026

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El Greco, Pentecostés (c. 1600). Vía Wikimedia Commons.

El Espíritu del Padre y del Hijo

Jesús dice que el Espíritu de verdad procede del Padre, ekporeúetai (ἐκπορεύεται) (Jn 15:26), y los ortodoxos se apoyan en ese versículo para afirmar que procede solo del Padre. Pero en ese mismo versículo Jesús dice que Él lo enviará de parte del Padre. Y no es la única vez:

  • En la última cena anuncia a los apóstoles que les conviene que Él se vaya, porque si se va, les enviará el Intercesor, como traduce Straubinger la palabra griega Paráklētos (Παράκλητος) (Jn 16:7).
  • Resucitado, les promete que enviará sobre ellos la promesa de su Padre (Lc 24:49) y sopla sobre ellos para darles el Espíritu Santo (Jn 20:22).
  • El día de Pentecostés, san Pedro explica que Jesús, exaltado a la derecha de Dios, recibió del Padre el Espíritu prometido y lo derramó sobre ellos (Hch 2:33).
  • San Pablo enseña que Dios derramó abundantemente el Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo (Tit 3:5-6).
  • Juan el Bautista lo había anunciado: Jesús es el que bautiza con el Espíritu Santo (Jn 1:33).
  • Y en el Apocalipsis, el Cordero tiene siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra (Ap 5:6).

A la vez, el Padre también envía al Espíritu: lo dará a pedido del Hijo (Jn 14:16) y lo enviará en su nombre (Jn 14:26). En toda la Escritura hay un orden constante: el Padre envía al Hijo, pero nunca es enviado, porque no procede de nadie; el Hijo es enviado por el Padre; y el Espíritu es enviado por el Padre y por el Hijo. San Agustín enseñaba que ese orden en los envíos refleja el orden del origen dentro de Dios (La Trinidad IV, 20, 29).

Por eso la Escritura llama al Espíritu tanto «Espíritu de Dios» como «Espíritu de Cristo» (Rom 8:9), «Espíritu de su Hijo» (Gál 4:6) y «Espíritu de Jesús» (Hch 16:7). Y Jesús enseña que el Espíritu recibirá de lo suyo, porque todo lo que tiene el Padre es suyo (Jn 16:14-15). Monseñor Straubinger lo señala en su nota a Hechos 16:7: el Espíritu de Jesús es el mismo Espíritu Santo «que procede del Padre y del Hijo», como dice el Credo.

El río que sale del trono de Dios y del Cordero

Jesús anunció que del seno de quien cree en Él manarían torrentes de agua viva y san Juan explica que hablaba del Espíritu que recibirían los que creyeran en Él (Jn 7:38-39). Al final del Apocalipsis, el ángel muestra a san Juan un río de agua de vida, claro como cristal, que sale del trono de Dios y del Cordero (Ap 22:1). El río no brota solo del trono de Dios, sino del trono de Dios y del Cordero. Si el agua viva es el Espíritu, el Espíritu procede del Padre y del Hijo.

Una misma fe en Oriente y en Occidente

El Credo de Nicea y Constantinopla (381) decía originalmente que el Espíritu Santo «procede del Padre». En Occidente se agregó «y del Hijo», Filioque, a partir del III Concilio de Toledo (589) y Roma lo incorporó al Credo en el siglo XI. San Agustín ya enseñaba que el Espíritu procede del Padre como de su principio primero y también del Hijo, porque el Padre se lo dio todo al Hijo (La Trinidad XV, 26, 47). Muchos Padres orientales, como san Cirilo de Alejandría, expresaron la misma fe diciendo que el Espíritu procede del Padre por el Hijo, diá toû Huioû (διὰ τοῦ Υἱοῦ).

Lo que la Iglesia reconoció

El Concilio de Florencia (1439), con la participación de obispos griegos, enseñó que el Espíritu procede eternamente del Padre y del Hijo como de un solo principio y que la fórmula griega «del Padre por el Hijo» expresa la misma verdad. La Iglesia Católica reconoce que las dos tradiciones son complementarias: el Padre es el origen primero de toda la divinidad y comunica al Hijo todo lo que es, incluso ser, con Él, principio del Espíritu Santo (Catecismo 246-248; ver La Santísima Trinidad).

Los testimonios de esta doctrina a lo largo de los siglos se reúnen en La doctrina eterna de la Iglesia Católica desde Jesús y los apóstoles.

Lo único que distingue a las personas

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son iguales en todo, porque son un solo y el mismo Dios: la misma eternidad, el mismo poder, la misma sabiduría. Lo único que los distingue es su origen: el Padre no procede de nadie, el Hijo es engendrado por el Padre, y el Espíritu procede. Por eso el Concilio de Florencia enseña que en Dios «todo es uno, donde no se opone la relación» (Decreto para los jacobitas, 1442). Si el Espíritu procediera solo del Padre, el Hijo y el Espíritu tendrían el mismo origen, y nada los distinguiría entre sí: serían una sola persona. Es la relación entre ellos, que el Espíritu proceda también del Hijo, la que los distingue (santo Tomás de Aquino, Suma teológica I, q. 36, a. 2).

Los ortodoxos responden que el Hijo y el Espíritu ya se distinguen porque proceden del Padre de dos modos distintos: uno por generación y otro por procesión. Pero esa respuesta solo nombra la diferencia sin explicarla: si los dos vienen solo del Padre, sin ninguna relación entre ellos, no se ve qué hace que un modo sea distinto del otro.

Fundamentos bíblicos (6)

  • Jn 15:26 · El Intercesor que Yo os enviaré
    «Cuando venga el Intercesor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de Mí.»Jn 15:26, Biblia de Straubinger

    El Espíritu procede del Padre, y es el Hijo quien lo envía.

  • Jn 16:7 y 14-15 · Tomará de lo mío
    «Sin embargo, os lo digo en verdad: Os conviene que me vaya; porque, si Yo no me voy, el Intercesor no vendrá a vosotros; mas si me voy, os lo enviaré. […] Él me glorificará, porque tomará de lo mío, y os (lo) declarará. Todo cuanto tiene el Padre es mío; por eso dije que Él tomará de lo mío, y os (lo) declarará”.»Jn 16:7 y 14-15, Biblia de Straubinger

    El Espíritu recibe del Hijo, porque todo lo que tiene el Padre es del Hijo.

  • Hch 2:33 · Él ha derramado el Espíritu
    «Elevado, pues, a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, Él ha derramado a Éste a quien vosotros estáis viendo y oyendo.»Hch 2:33, Biblia de Straubinger

    Jesús, exaltado, recibe del Padre el Espíritu y lo derrama sobre los discípulos.

  • Gál 4:6 · El Espíritu de su Hijo
    «Y porque sois hijos, envió Dios a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: “¡Abba, Padre!”»Gál 4:6, Biblia de Straubinger

    La Escritura llama al Espíritu Santo «Espíritu del Hijo».

  • Rom 8:9 · El Espíritu de Dios y de Cristo
    «Vosotros, empero, no estáis en la carne sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros. Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, ese tal no es de Él.»Rom 8:9, Biblia de Straubinger

    El mismo Espíritu es llamado Espíritu de Dios y Espíritu de Cristo.

  • Ap 22:1 · Del trono de Dios y del Cordero
    «Y me mostró un río de agua de vida, claro como cristal, que sale del trono de Dios y del Cordero.»Ap 22:1, Biblia de Straubinger

    El río de agua de vida, imagen del Espíritu (Jn 7:39), brota del Padre y del Hijo.

Objeciones (3)

  • Jesús dice que el Espíritu procede del Padre, no del Hijo (Jn 15:26)

    Dice que procede del Padre, pero no que proceda solo del Padre, y en el mismo versículo afirma que Él lo enviará. La Iglesia Católica enseña que el Padre es el origen primero, y que el Espíritu procede de Él por el Hijo.

  • El Concilio de Éfeso prohibió cambiar el Credo

    Lo que el Concilio de Éfeso (431) prohibió fue componer «otra fe», distinta de la de Nicea, no explicar mejor la misma fe. Lo muestra la historia del propio Credo. El Concilio de Nicea (325) terminaba con una frase sobre el Espíritu Santo: «Y en el Espíritu Santo». El I Concilio de Constantinopla (381) amplió ese artículo y agregó que el Espíritu es «Señor y dador de vida, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria». Y el Concilio de Calcedonia (451), veinte años después de Éfeso, proclamó ese Credo ampliado como expresión de la misma fe de Nicea, y agregó además su propia definición sobre las dos naturalezas de Cristo. El Credo que rezan hoy los ortodoxos no es, entonces, el de Nicea, sino el de Constantinopla. Si Éfeso hubiera prohibido toda aclaración, también los ortodoxos estarían en falta. El Filioque, agregado en Occidente desde el III Concilio de Toledo (589), no cambia la fe del Credo: explica de qué modo el Espíritu procede del Padre, como ya enseñaban los Padres latinos.

  • El Filioque pone dos principios en Dios

    La Iglesia enseña lo contrario: el Espíritu procede del Padre y del Hijo como de un solo principio, porque todo lo que el Hijo tiene lo recibe del Padre (Concilio de Florencia, 1439).

Fuentes

Versiones de la Biblia

  • Biblia de Straubinger (Universidad Católica de La Plata, 2.ª ed., 2009)
  • Texto griego del Nuevo Testamento

Textos citados

  • I Concilio de Constantinopla (381)
  • San Agustín, La Trinidad IV, 20, 29 y XV, 26, 47 (c. 415)
  • III Concilio de Toledo (589)
  • Concilio de Florencia, Laetentur caeli (1439)
  • Catecismo de la Iglesia Católica 246-248 (1992)
  • Nota de Straubinger a Hechos 16:7
  • Concilio de Éfeso, canon 7 (431)

Los textos bíblicos se citan según la Biblia de Straubinger. Los textos de los Padres de la Iglesia y de los concilios se citan en traducción directa del original.

Cómo citar este tema

Para quien busca la Verdad. (2026, 18 de octubre). El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (Filioque). Recuperado el 21 de octubre de 2026, de https://veritasveritatum.com/es/filioque/

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