Jesucristo, verdadero Dios
Lectura: 6 minutos · Actualizado el 21 de octubre de 2026
Cristo Pantocrátor, monasterio de Santa Catalina del Sinaí (siglo VI). Vía Wikimedia Commons.
«El Verbo era Dios»
El Evangelio de san Juan comienza: «En el principio el Verbo era, y el Verbo era junto a Dios, y el Verbo era Dios» (Jn 1:1). Y más adelante: «el Verbo se hizo carne, y puso su morada entre nosotros» (Jn 1:14). El que existía desde el principio junto a Dios, y era Dios, se hizo hombre. Isaías ya lo había anunciado: el niño que iba a nacer se llamaría «Dios poderoso» (Is 9:6), y en el capítulo siguiente el profeta usa el mismo título en hebreo, El guibbor (אֵל גִּבּוֹר), para el Dios de Israel, al que se convertirá el resto de Jacob (Is 10:21).
El profeta Zacarías lo había anunciado de un modo sorprendente: Dios llama al pastor que será herido su compañero (Zac 13:7), con una palabra hebrea, amit, que designa a un igual. Jesús se aplicó ese versículo a sí mismo la noche de la Pasión (Mt 26:31): el pastor herido es hombre, y es a la vez el igual de Dios.
El mismo profeta Isaías había anunciado que el niño nacido de la virgen se llamaría Emmanuel (Is 7:14), y san Mateo explica el nombre: «Ved ahí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán el nombre de Emmanuel, que se traduce: “Dios con nosotros”» (Mt 1:23). No es un nombre simbólico más: el Evangelio que empieza llamándolo «Dios con nosotros» termina con su promesa: «Yo con vosotros estoy todos los días» (Mt 28:20).
Lo que Jesús dijo de sí mismo
Jesús afirmó: «Antes que Abrahán existiera, Yo soy» (Jn 8:58). Usó el nombre con que Dios se reveló a Moisés, egó eimí (ἐγώ εἰμι) (Ex 3:14), y sus oyentes lo entendieron: tomaron piedras para apedrearlo por blasfemo. Enseñó que todos deben honrar al Hijo como honran al Padre (Jn 5:23). Y cuando Tomás, al ver sus llagas, exclamó «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20:28), Jesús no lo corrigió: llamó dichosos a los que creyeran sin haber visto.
Los primeros en reconocerlo fueron sus enemigos. Mientras los discípulos todavía se preguntaban quién era, los demonios lo sabían: «Te conozco quién eres: el Santo de Dios» (Mc 1:24); «¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Viniste aquí para atormentarnos antes de tiempo?» (Mt 8:29; cf. Mc 3:11; 5:7). Le temen, le obedecen y saben que tiene poder para juzgarlos, que es obra de Dios.
Condenado por hacerse Dios
Los que escuchaban a Jesús entendían perfectamente lo que afirmaba de sí mismo. Cuando dijo que Él y el Padre son uno, tomaron piedras para apedrearlo, y le explicaron por qué: no por ninguna obra buena, sino por blasfemia, porque siendo hombre se hacía Dios (Jn 10:30-33). En el juicio ante el Sanedrín, el sumo sacerdote le preguntó si era el Cristo, el Hijo del Bendito, y Jesús respondió: «Yo soy»; entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y todos lo condenaron por blasfemo (Mc 14:61-64). Y ante Pilato, los judíos lo dijeron abiertamente: según su Ley debía morir, porque se había hecho Hijo de Dios (Jn 19:7). Si Jesús no se hubiera presentado como Dios, habría bastado con aclararlo para salvar la vida. No lo hizo, y murió por esa afirmación.
Lo que enseñaron los apóstoles
San Pablo enseña que en Cristo habita «toda la plenitud de la Deidad corporalmente» (Col 2:9), y espera «la aparición de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo» (Tit 2:13). La Carta a los Hebreos aplica al Hijo las palabras del salmo: «Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo» (Heb 1:8), y manda que lo adoren todos los ángeles de Dios (Heb 1:6). Y en el Apocalipsis, toda la creación da al Cordero la misma adoración que al que está sentado en el trono (Ap 5:13-14).
La fe de los primeros cristianos y de la Iglesia
Hacia el año 107, san Ignacio de Antioquía, discípulo del apóstol Juan según la tradición, llama a Cristo «Dios hecho carne» y «nuestro Dios, Jesucristo» (Carta a los Efesios 7, 2 y 18, 2). Cuando Arrio enseñó en el siglo IV que el Hijo era una criatura, el Concilio de Nicea (325) confesó que es «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre» (ver La Santísima Trinidad).
Los errores de la traducción de los Testigos de Jehová
La Traducción del Nuevo Mundo, la Biblia de los Testigos de Jehová, modifica varios de estos pasajes para negar la divinidad de Cristo:
- «Un dios» (Jn 1:1). Traduce «el Verbo era un dios», porque en griego la palabra theós (θεός) aparece allí sin artículo. Pero el griego no tiene artículo indeterminado, y en ese mismo capítulo theós aparece sin artículo otras veces, referida al Padre: Juan el Bautista fue enviado «por Dios» (Jn 1:6), los que creen nacen «de Dios» (Jn 1:13), nadie ha visto nunca «a Dios» (Jn 1:18). En esos versículos, la misma traducción escribe «Dios», no «un dios». Además, un «dios» junto a Dios sería un segundo dios, y la Escritura lo excluye: «Antes de Mí no fue formado dios alguno, y no habrá ninguno después de Mí» (Is 43:10). O Cristo es el único Dios verdadero, o no es dios en absoluto.
- «Yo he sido» (Jn 8:58). Traduce «antes que Abrahán llegara a existir, yo he sido», y así borra el eco del nombre que Dios reveló a Moisés, egó eimí (ἐγώ εἰμι), que es lo que provocó que quisieran apedrearlo.
- «Todas las otras cosas» (Col 1:16-17). Donde san Pablo dice que por Cristo fueron creadas todas las cosas, agrega la palabra «otras», que no está en el texto griego, para presentar a Cristo como la primera de las criaturas.
- «Dios es tu trono» (Heb 1:8). Donde el texto dice «Tu trono, oh Dios», traduce «Dios es tu trono», para que el Hijo no sea llamado Dios.
- «Rindan homenaje» (Heb 1:6). Donde el texto manda que todos los ángeles adoren al Hijo, traduce «le rindan homenaje», aunque el mismo verbo griego, proskynéo (προσκυνέω), lo traduce «adorar» cuando se refiere al Padre.
- «Del gran Dios y del Salvador» (Tit 2:13). Separa en dos personas lo que el texto une: «el gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo». El mismo Straubinger lo señala en su nota a este versículo: aquí «Dios y Salvador» no se refiere al Padre, sino a Jesucristo.
- «Jehová» en el Nuevo Testamento. Introduce el nombre «Jehová» en más de doscientos pasajes del Nuevo Testamento, aunque ningún manuscrito griego lo contiene (ver ¿Sola Escritura, o también Magisterio y Tradición?, sobre el origen de esa forma). Con eso oculta que los apóstoles aplican a Jesús el título de «Señor», kyrios (κύριος), que la Biblia griega usaba para el nombre de Dios.
Los testimonios de esta doctrina a lo largo de los siglos se reúnen en La doctrina eterna de la Iglesia Católica desde Jesús y los apóstoles.
Y a pesar de esos errores, la Biblia de los Testigos de Jehová reconoce la divinidad de Jesús
Aun en la traducción que los Testigos de Jehová prepararon para negar la divinidad de Cristo, quedan los textos que la afirman. Tomás, al ver a Jesús resucitado, le dice: «¡Mi Señor y mi Dios!» (Jn 20:28), y Jesús no lo corrige, sino que alaba su fe (Jn 20:29). Isaías llama al niño que nacerá «Dios Poderoso» (Is 9:6). Y Jesús se atribuye el título que, en Isaías, Jehová reserva para sí: «Yo soy el primero y el último» (Is 44:6); en el Apocalipsis, el que habla y dice «Yo Jesús envié a mi ángel» es el mismo que dice «Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin» (Ap 22:13 y 16).
La misma traducción muestra además su criterio: cuando el verbo griego proskynéō (προσκυνέω) se refiere a Dios, lo traduce «adorar», y cuando se refiere a Jesús, «rendir homenaje», como cuando los discípulos, en la barca, se postran ante Él y le dicen «Tú eres verdaderamente el Hijo de Dios» (Mt 14:33). Es el mismo verbo griego: la traducción cambia según quién lo recibe.
Fundamentos bíblicos (10)
Jn 1:1 y 14 · El Verbo era Dios y se hizo carne
«En el principio el Verbo era, y el Verbo era junto a Dios, y el Verbo era Dios. […] Y el Verbo se hizo carne, y puso su morada entre nosotros –y nosotros vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre– lleno de gracia y de verdad.»Jn 1:14, Biblia de Straubinger
El que existía desde el principio junto a Dios, y era Dios, se hizo hombre.
Is 9:6 · Dios poderoso
«Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado, que lleva el imperio sobre sus hombros. Se llamará Maravilloso, Consejero, Dios poderoso, Padre de la eternidad, Príncipe de la paz.»Is 9:6, Biblia de Straubinger
Isaías llama al niño que iba a nacer con el mismo título que da al Dios de Israel en Isaías 10:21.
Jn 8:58 · «Antes que Abrahán existiera, Yo soy»
«Díjoles Jesús: “En verdad, en verdad os digo: Antes que Abrahán existiera, Yo soy”.»Jn 8:58, Biblia de Straubinger
Jesús se aplica el nombre con que Dios se reveló a Moisés.
Jn 10:30-33 · Condenado por hacerse Dios
«“Yo y mi Padre somos uno”. De nuevo los judíos recogieron piedras para lapidarlo. Entonces Jesús les dijo: “Os he hecho ver muchas obras buenas, que son de mi Padre. ¿Por cuál de ellas queréis apedrearme?” Los judíos le respondieron: “No por obra buena te apedreamos, sino porque blasfemas, y siendo hombre, te haces a Ti mismo Dios”.»Jn 10:30-33, Biblia de Straubinger
Sus oyentes entendieron exactamente lo que afirmaba.
Jn 20:28 · «¡Señor mío y Dios mío!»
«Tomás respondió y le dijo: “¡Señor mío y Dios mío!”»Jn 20:28, Biblia de Straubinger
Tomás se dirige a Jesús como a su Dios, y Jesús aprueba su fe.
Col 2:9 · Toda la plenitud de la Deidad
«Porque en Él habita toda la plenitud de la Deidad corporalmente;»Col 2:9, Biblia de Straubinger
En Cristo habita la divinidad entera, no una parte.
Tit 2:13 · Nuestro gran Dios y Salvador
«aguardando la dichosa esperanza y la aparición de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo;»Tit 2:13, Biblia de Straubinger
Straubinger anota que aquí «Dios y Salvador» se refiere a Jesucristo.
Heb 1:8 · «Tu trono, oh Dios»
«Mas al Hijo le dice: “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; y cetro de rectitud el cetro de tu reino.»Heb 1:8, Biblia de Straubinger
El Padre llama Dios al Hijo.
Mt 1:22-23 · Emmanuel, «Dios con nosotros»
«Todo esto sucedió para que se cumpliese la palabra que había dicho el Señor por el profeta: Ved ahí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán el nombre de Emmanuel, que se traduce: “Dios con nosotros”.»Mt 1:22-23, Biblia de Straubinger
El nombre que anuncia el profeta dice quién es el niño: Dios mismo, presente entre los hombres.
Mt 8:29 · Los demonios lo reconocen
«¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Viniste aquí para atormentarnos antes de tiempo?»Mt 8:29, Biblia de Straubinger
Los demonios saben quién es Jesús y temen su poder de juzgarlos.
Objeciones (6)
«El Padre es mayor que yo» (Jn 14:28)
Jesús habla desde su condición humana, la que tomó al hacerse hombre, cuando se despojó de sí mismo tomando la forma de siervo (Flp 2:6-7). El mismo Jesús dice que Él y el Padre son uno (Jn 10:30).
Cristo es «el primogénito de toda la creación» (Col 1:15)
En la Escritura, «primogénito» indica el primer lugar en dignidad, no necesariamente el primero en nacer. Efraín no fue el primero en nacer, sino Manasés, y sin embargo Dios dice: «Efraín es mi primogénito» (Jer 31:9). David era el menor de los hijos de Jesé, y Dios dice de él que lo hará su primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra (Sal 88:28). Israel, que no fue el primer pueblo, es llamado «mi hijo, mi primogénito» (Ex 4:22). Y el versículo siguiente aclara en qué sentido Cristo es el primogénito: porque en Él fueron creadas todas las cosas (Col 1:16). Quien crea todas las cosas no puede ser una de ellas. La Traducción del Nuevo Mundo, para evitar esa conclusión, agrega una palabra que no está en el griego: «todas las demás cosas».
Quien hace una silla produce una obra, distinta de él; quien engendra un hijo le transmite su propia naturaleza. Por eso el Credo de Nicea dice que el Hijo es «engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre». Si Cristo es el Hijo de Dios, no es una obra de Dios, sino Dios de Dios.
Jesús no sabía el día ni la hora (Mc 13:32)
Habla de lo que le correspondía revelar en su misión como hombre. La Iglesia enseña que Cristo conocía todo lo que debía revelar, y que en su humanidad tuvo un conocimiento verdaderamente humano (Catecismo 472-474).
El mismo Jesús dice: «Todo cuanto tiene el Padre es mío» (Jn 16:15), y en su oración: «todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío» (Jn 17:10). San Pablo enseña que en Él están escondidos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Col 2:3), y Pedro le dice: «Señor, Tú lo sabes todo» (Jn 21:17). Por eso los Padres explican que Jesús habla aquí en cuanto hombre, o en cuanto a lo que no le correspondía revelar: no era parte de su misión dar a conocer ese día.
Jesús oraba al Padre, y Dios no se ora a sí mismo
El Hijo y el Padre son personas distintas, y el Hijo, hecho hombre, oraba como hombre. La oración de Jesús muestra la distinción de las personas, no que el Hijo no sea Dios.
Pedro, Santiago y Juan son tres personas distintas, y los tres participan de la misma humanidad: cada uno es plenamente hombre. Del mismo modo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas distintas, y las tres poseen la misma divinidad: cada una es plenamente Dios. Por eso el Hijo puede hablar con el Padre, como una persona habla con otra, sin dejar de ser Dios. La comparación tiene un límite: Pedro, Santiago y Juan tienen la humanidad cada uno por separado, y por eso son tres hombres; el Padre, el Hijo y el Espíritu no tienen la divinidad por separado, sino que poseen una sola y la misma divinidad, y por eso no son tres dioses, sino un solo Dios.
Jesús es el arcángel Miguel
La Carta a los Hebreos lo excluye expresamente: Dios nunca dijo a ningún ángel «Tú eres mi Hijo», y manda que todos los ángeles adoren al Hijo (Heb 1:5-6). Un ángel no es adorado por los demás ángeles.
«¡Señor mío y Dios mío!» fue solo una exclamación de asombro (Jn 20:28)
El evangelio dice que Tomás «le dijo» esas palabras: se dirigió a Jesús. Para un judío, usar el nombre de Dios como simple exclamación habría sido una falta contra el mandamiento (Ex 20:7). Y Jesús no lo corrige: aprueba su fe.
Fuentes
Versiones de la Biblia
- Biblia de Straubinger (Universidad Católica de La Plata, 2.ª ed., 2009)
- Texto hebreo masorético
- Texto griego del Nuevo Testamento
Textos citados
- San Ignacio de Antioquía, Carta a los Efesios 7, 2 y 18, 2 (c. 107)
- Concilio de Nicea (325)
- Catecismo de la Iglesia Católica 441-455 (1992)
- Nota de Straubinger a Tito 2:13
- Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras (Testigos de Jehová), edición en español
Los textos bíblicos se citan según la Biblia de Straubinger. Los textos de los Padres de la Iglesia y de los concilios se citan en traducción directa del original.
Cómo citar este tema
Para quien busca la Verdad. (2026, 21 de octubre). Jesucristo, verdadero Dios. Recuperado el 21 de octubre de 2026, de https://veritasveritatum.com/es/cristo-verdadero-dios/
Cita copiada
Para quien busca la Verdad