El rosario y las oraciones repetidas
Lectura: 4 minutos · Actualizado el 18 de octubre de 2026
Caravaggio, La Virgen del Rosario (c. 1607). Vía Wikimedia Commons.
Lo que Jesús condenó
En el Sermón de la montaña, Jesús advierte que al orar no hay que multiplicar palabras, como los paganos, que piensan que por su palabrería serán escuchados (Mt 6:7). El verbo griego, battalogéo (βατταλογέω), significa balbucear, amontonar palabras sin sentido. Jesús no condena repetir, sino la oración vacía de quien cree que puede forzar a Dios a fuerza de palabras, como los profetas de Baal, que gritaban el nombre de su dios desde la mañana hasta el mediodía, sin que nadie les respondiera (1 Re 18:26-29). El problema no es la repetición, sino la intención.
«Así, pues, oraréis vosotros»
La prueba está en lo que Jesús hace a continuación. Inmediatamente después de esa advertencia, enseña a sus discípulos el Padrenuestro: «Así, pues, oraréis vosotros» (Mt 6:9-13). Y en san Lucas, cuando los discípulos le piden que les enseñe a orar, les dice que cuando oren, digan esas palabras (Lc 11:2). No les da un tema para improvisar, sino una fórmula con palabras precisas, para decirla una y otra vez. La Iglesia lo entendió así desde el principio: la Didaché, hacia fines del siglo I, después de transcribir el Padrenuestro, manda: «Orad así tres veces al día» (Didaché 8, 3).
Jesús repitió su oración
En el huerto de Getsemaní, Jesús oró al Padre pidiendo que pasara de Él ese cáliz. San Marcos cuenta que «se alejó de nuevo y oró, diciendo lo mismo» (Mc 14:39). San Mateo agrega que volvió una tercera vez y «oró, diciendo las mismas palabras» (Mt 26:39-44). Dos evangelistas coinciden en destacar ese detalle. Si repetir una oración fuera la palabrería que condenó, Él mismo no lo habría hecho en la hora más importante de su vida.
La Escritura está llena de oraciones repetidas
El Salmo 135 repite veintiséis veces la misma respuesta, que proclama la misericordia eterna de Dios. En el cántico de los tres jóvenes en el horno, cada verso termina con la misma alabanza a Dios (Dn 3:57-88), en una de las partes del libro de Daniel que se conservan en griego (ver ¿Cuál es el canon bíblico?). Y en el cielo, los cuatro seres vivientes no cesan de proclamar, día y noche, «Santo, santo, santo» (Ap 4:8), como los serafines que vio Isaías (Is 6:3). Jesús mismo enseñó a orar con insistencia, como la viuda que volvía una y otra vez ante el juez (Lc 18:1-8) y san Pablo pide orar sin cesar (1 Tes 5:17). La repetición es el lenguaje del amor: nadie le reprocha a una madre que le diga muchas veces a su hijo que lo quiere.
El rosario, un compendio del Evangelio
El rosario está hecho de oraciones tomadas en gran parte de la Escritura. El Padrenuestro es la oración que enseñó Jesús. El Avemaría une el saludo del ángel Gabriel (Lc 1:28) y el de Isabel (Lc 1:42) y termina con una súplica a la Madre de Dios (ver La Maternidad Divina). El Gloria alaba a la Santísima Trinidad. Y mientras se rezan, se medita la vida de Cristo en sus misterios: la Encarnación, su vida pública, su pasión y su resurrección. En la Edad Media, quienes no sabían leer los ciento cincuenta salmos rezaban en su lugar ciento cincuenta avemarías; por eso el rosario se llamó «el salterio de María». Las palabras repetidas son como el ritmo de fondo que sostiene la contemplación de Cristo con los ojos de su madre.
La Iglesia Católica enseña muchas formas de orar
La oración repetida es solo una de ellas. La oración vocal dice con los labios palabras que la mente acompaña, como el padrenuestro o el avemaría. La oración mental es, como enseña santa Teresa, «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (Vida 8, 5). La meditación considera las verdades de la fe o los hechos de la vida de Cristo para sacar de ellos un fruto para la propia vida. La contemplación, a la que la meditación conduce, es una «mirada de fe fijada en Jesús», un silencio lleno de amor (Catecismo 2715-2717). Y la oración litúrgica, la Misa y la Liturgia de las Horas, une a los fieles a la oración de Cristo, y toda la Iglesia reza lo mismo en comunión. En todas esas formas, el cristiano adora y bendice a Dios, le pide, intercede por otros, le da gracias y lo alaba (Catecismo 2626-2643).
Además, el cristiano puede hacer de toda su vida una oración. Puede ofrecer sus obras, hechas lo mejor posible por amor a Dios, como «hostia viva, santa, agradable a Dios» (Rom 12:1), unidas a la ofrenda de Cristo en la Misa (Lumen Gentium 34); y puede elevar el corazón a Dios a lo largo del día con oraciones muy breves, las jaculatorias, como la del ciego de Jericó: «¡Jesús, Hijo de David, apiádate de mí!» (Lc 18:38). Así cumple el mandato de san Pablo: «Orad sin cesar» (1 Tes 5:17). La Iglesia enseña también la lectura orante de la Escritura y la adoración de Cristo presente en la Eucaristía (ver La presencia real de Cristo en la Eucaristía).
Lo que la Iglesia enseña
La Iglesia recomienda el rosario como una oración contemplativa centrada en Cristo. San Juan Pablo II, en la carta Rosarium Virginis Mariae (2002), lo llamó un compendio del Evangelio y agregó los misterios luminosos, sobre la vida pública de Jesús. El Catecismo enseña que una oración repetida con frecuencia por un corazón humildemente atento no se dispersa en palabrerías, como las que condenó Jesús (Catecismo 2668), y recuerda que el rosario nació en la piedad medieval como forma popular de la oración de los salmos (Catecismo 2678 y 2708).
Fundamentos bíblicos (5)
Mt 6:7-9 · «Así, pues, oraréis vosotros»
«Y cuando oráis, no abundéis en palabras, como los paganos, que se figuran que por mucho hablar serán oídos. Por lo tanto, no los imitéis, porque vuestro Padre sabe qué cosas necesitáis, antes de que vosotros le pidáis. Así, pues, oraréis vosotros: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre;»Mt 6:7-9, Biblia de Straubinger
Después de condenar la palabrería, Jesús enseña una fórmula fija para repetir.
Mc 14:39 · Diciendo lo mismo
«Se alejó de nuevo y oró, diciendo lo mismo.»Mc 14:39, Biblia de Straubinger
Jesús repite su oración en Getsemaní.
Lc 1:28 y 42 · El saludo del ángel y de Isabel
«Y entrado donde ella estaba, le dijo: “Salve, llena de gracia; el Señor es contigo”. […] Y exclamó en alta voz y dijo: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu seno!»Lc 1:28 y 42, Biblia de Straubinger
Las palabras del Avemaría vienen del Evangelio.
Lc 18:1 · Orar siempre sin desalentarse
«Les propuso una parábola sobre la necesidad de que orasen siempre sin desalentarse:»Lc 18:1, Biblia de Straubinger
Jesús enseña a orar con insistencia.
Ap 4:8 · Santo, santo, santo
«Los cuatro vivientes, cada uno con seis alas, están llenos de ojos alrededor y por dentro, y claman día y noche sin cesar, diciendo: “Santo, santo, santo el Señor Dios, el Todopoderoso, el que era, y que es, y que viene”.»Ap 4:8, Biblia de Straubinger
En el cielo, la alabanza se repite día y noche sin cesar.
Objeciones (3)
El rosario es una oración a María, no a Dios
Está formado por el Padrenuestro, dirigido al Padre; el Gloria, a la Trinidad; y el Avemaría, hecho con palabras de la Escritura. Y mientras se reza, se contempla la vida de Cristo.
El rosario es un invento medieval
Su forma actual se fue desarrollando durante la Edad Media, pero la costumbre de contar las oraciones es muy anterior: en el siglo IV, un monje del desierto egipcio, Pablo de Fermé, rezaba trescientas oraciones diarias contándolas con piedritas (Paladio, Historia lausíaca 20). Que una forma de orar se haya desarrollado con el tiempo no la hace ilegítima, como tampoco los himnos que cantan hoy las comunidades evangélicas.
Pedirle a María que ruegue por nosotros es darle un lugar que es solo de Dios
Es pedirle lo mismo que se pide a un hermano: que ore por nosotros (ver La intercesión de los santos).
Fuentes
Versiones de la Biblia
- Biblia de Straubinger (Universidad Católica de La Plata, 2.ª ed., 2009)
- Texto griego del Nuevo Testamento
Textos citados
- Sal 135
- Didaché 8, 3 (c. 90-100)
- San Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae (2002)
- Catecismo de la Iglesia Católica 2700-2708 (1992)
- Paladio, Historia lausíaca 20 (c. 420)
- Catecismo de la Iglesia Católica 2668 y 2678 (1992)
Los textos bíblicos se citan según la Biblia de Straubinger. Los textos de los Padres de la Iglesia y de los concilios se citan en traducción directa del original.
Cómo citar este tema
Para quien busca la Verdad. (2026, 18 de octubre). El rosario y las oraciones repetidas. Recuperado el 21 de octubre de 2026, de https://veritasveritatum.com/es/rosario/
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