La sucesión apostólica
Lectura: 7 minutos · Actualizado el 18 de octubre de 2026
Fra Angelico, San Pedro ordena diácono a San Esteban (Capilla Nicolina, c. 1447). Vía Wikimedia Commons.
Cristo instituyó un ministerio
Cristo no dejó a su Iglesia solo una doctrina: le dio pastores. Eligió a los apóstoles, les confió su misma misión y puso a Pedro a la cabeza de ellos. Esa misión debe durar hasta el fin del mundo (Mt 28:20), pero los apóstoles iban a morir. Por eso ellos mismos se ocuparon de que otros continuaran su tarea: impusieron las manos a quienes elegían (Hch 6:6; 1 Tim 4:14; 2 Tim 1:6) y encargaron a sus colaboradores que hicieran lo mismo (1 Tim 5:22; Tit 1:5).
Tres grados desde el principio
En el Nuevo Testamento ya aparecen los tres grados del ministerio. Los apóstoles establecieron siete diáconos para el servicio de la comunidad (Hch 6:1-6). Designaron presbíteros para conducir cada iglesia (Hch 14:23). Y enviaron a hombres como Timoteo y Tito con autoridad sobre los presbíteros de una región, para establecerlos y corregirlos (1 Tim 5:17-22; Tit 1:5). Al principio los nombres de obispo y presbítero se usaban a veces como sinónimos (Hch 20:17 y 28), pero la función de quien presidía sobre los demás existió desde el comienzo.
A comienzos del siglo II, la estructura ya tiene sus nombres definitivos. San Ignacio de Antioquía, discípulo de los apóstoles según la tradición (ver La Iglesia que continúa desde los apóstoles), escribe hacia el año 110 a varias comunidades y en todas encuentra lo mismo: un obispo, un presbiterio y diáconos (Carta a los Tralianos 3). Pide seguir al obispo como Jesucristo sigue al Padre y afirma que sin ellos no puede hablarse de iglesia (Carta a los Esmirniotas 8). En una de esas cartas usa por primera vez la expresión «Iglesia católica» (ver ¿Por qué Iglesia Católica Apostólica Romana?).
Lo que dicen los primeros testigos
Hacia el año 96, san Clemente de Roma, a quien la tradición identifica con el colaborador que san Pablo menciona en la Carta a los Filipenses (Flp 4:3), explica el origen de esa estructura: «Los apóstoles recibieron para nosotros el Evangelio del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado por Dios. […] Predicando por regiones y ciudades, establecían a sus primicias, después de probarlas por el Espíritu, como obispos y diáconos de los que habían de creer» (Carta a los Corintios 42, 1-4). Y agrega que eso no era una novedad, porque la Escritura ya hablaba de obispos y diáconos, y cita a Isaías según la Septuaginta, la Biblia griega: «Estableceré a sus obispos en justicia y a sus diáconos en fe» (42, 5). El texto hebreo, que traduce Straubinger, dice en cambio «por magistrados tuyos la justicia» (Is 60:17). Escribía hacia el año 96, cuando todavía vivía el apóstol san Juan. Y agrega que los apóstoles sabían que habría disputas sobre el episcopado, y por eso, después de establecer a los primeros, «dieron la norma de que, cuando ellos murieran, otros hombres probados les sucedieran en su ministerio» (44, 1-2). Por eso reprocha a los corintios haber removido de su ministerio a presbíteros que lo ejercían sin reproche (44, 6).
Hacia el año 107, san Ignacio de Antioquía describe los tres grados con sus nombres definitivos: el obispo preside «en lugar de Dios», los presbíteros «en lugar del colegio de los apóstoles», y a los diáconos «está confiado el ministerio de Jesucristo» (Carta a los Magnesios 6, 1). A los cristianos de Trales les pide someterse al obispo como a Jesucristo y al presbiterio como a los apóstoles, y llama a los diáconos ministros «de los misterios de Jesucristo» (Carta a los Tralianos 2, 1-3). Y a los de Esmirna: «Seguid todos al obispo como Jesucristo al Padre, y al presbiterio como a los apóstoles; respetad a los diáconos como al mandamiento de Dios. […] Sea considerada válida la Eucaristía que se celebra bajo el obispo o aquel a quien él se la encargue» (Carta a los Esmirniotas 8, 1; ver La presencia real de Cristo en la Eucaristía).
La cadena que no se interrumpe
San Pablo ya describe esa cadena en un solo versículo, con cuatro generaciones: él mismo, Timoteo, los hombres fieles a quienes este debe confiar la enseñanza, y los otros a quienes ellos la transmitirán (2 Tim 2:2). Esa transmisión se hacía por un rito concreto, la imposición de las manos: así fueron establecidos los siete (Hch 6:6), así fueron enviados Pablo y Bernabé (Hch 13:3), así recibió Timoteo su ministerio (1 Tim 4:14; 2 Tim 1:6), y por eso san Pablo le advierte que no imponga las manos a nadie con ligereza (1 Tim 5:22; ver Jesús instituye el sacerdocio).
Los primeros cristianos sabían que la autoridad de sus pastores venía de los apóstoles. San Clemente de Roma explica que los apóstoles establecieron obispos y diáconos y dispusieron que, al morir estos, otros hombres probados los sucedieran en su ministerio (Carta a los Corintios 42 y 44). Hacia el 180, san Ireneo de Lyon responde a los herejes de su tiempo con un argumento sencillo: cualquiera puede comprobar la enseñanza de los apóstoles en las iglesias que ellos fundaron, siguiendo la lista de sus obispos. Y como ejemplo enumera los doce obispos de Roma, desde Lino, sucesor de Pedro y Pablo, a quien el mismo Ireneo identifica con el Lino que san Pablo nombra en su segunda carta a Timoteo (2 Tim 4:21), hasta Eleuterio, el de su época (Contra las herejías III, 3, 3). Tertuliano, pocos años después, desafía a los herejes a mostrar una sucesión así para sus comunidades (Prescripción contra los herejes 32).
Las mismas iglesias a las que san Pablo escribió sus cartas aparecen poco después gobernadas por obispos. Hacia el año 107, san Ignacio escribe a la iglesia de Éfeso y nombra a su obispo, Onésimo (Carta a los Efesios 1, 3); hacia el 170, Dionisio, obispo de Corinto, cuenta al papa Sotero que en su iglesia se lee los domingos la carta de san Clemente (citado por Eusebio, Historia eclesiástica IV, 23, 11); y hacia el 190, Polícrates, obispo de Éfeso, discute con el papa Víctor sobre la fecha de la Pascua (Historia eclesiástica V, 24). Ninguna de las iglesias fundadas por los apóstoles se organizó como las comunidades nacidas de la Reforma: todas tuvieron obispos. Algunas, como Roma, siguen siendo hoy sedes católicas; otras, como Corinto o Tesalónica, son hoy sedes ortodoxas, separadas de Roma desde la Edad Media; y otras, como Éfeso o Colosas, desaparecieron con sus ciudades.
Hacia el año 160, Hegesipo, un cristiano de Palestina, viajó a Roma y elaboró allí la sucesión de los obispos hasta Aniceto, y dejó escrito que en cada sucesión y en cada ciudad se enseñaba lo que predican la Ley, los profetas y el Señor (citado por Eusebio, Historia eclesiástica IV, 22, 2-3): es la primera lista de sucesión que se conoce. Hacia el 180, san Ireneo enuncia el principio: la tradición de los apóstoles está a la vista en toda la Iglesia, y se pueden enumerar los obispos instituidos por los apóstoles y sus sucesores hasta hoy (Contra las herejías III, 3, 1-3). Y a fines del siglo IV, san Agustín enumera lo que lo mantiene en la Iglesia católica, entre otras cosas «la sucesión de los sacerdotes desde la sede misma del apóstol Pedro, a quien el Señor encomendó apacentar sus ovejas después de su resurrección, hasta el episcopado presente» (Contra la carta de Manes llamada «del fundamento» 4, 5).
El gesto con que se transmite ese ministerio, la imposición de las manos, se explica en Jesús instituye el sacerdocio.
La estructura que Cristo quiso, hoy
La Iglesia Católica conserva íntegra esa estructura. El papa, obispo de Roma y sucesor de Pedro, tiene la primacía sobre toda la Iglesia y es su cabeza visible (ver La primacía de Pedro). Los obispos son los sucesores de los apóstoles y cada uno recibió la imposición de manos de otros obispos, en una cadena que llega hasta ellos: es lo que se llama «sucesión apostólica». Los presbíteros, que hoy llamamos sacerdotes, colaboran con el obispo en la predicación, los sacramentos y la conducción de la comunidad. Los diáconos sirven en la liturgia, la palabra y la caridad. No es una organización inventada con el tiempo, sino el mismo ministerio que describen los Hechos de los Apóstoles, las cartas de Pablo y los primeros Padres de la Iglesia.
Las Iglesias ortodoxas y otras Iglesias orientales antiguas, como la copta o la armenia, conservaron también la sucesión apostólica, y la Iglesia Católica reconoce la validez de sus obispos y sacramentos; lo que perdieron es la comunión con el sucesor de Pedro. Las comunidades protestantes nacidas de la Reforma, en cambio, rompieron con esa cadena en el siglo XVI. Algunas, como la anglicana, conservaron obispos, pero la Iglesia Católica no reconoce la validez de sus ordenaciones, porque en su momento se cambió el rito y el sentido del sacramento (León XIII, Apostolicae curae, 1896).
Los testimonios de esta doctrina a lo largo de los siglos se reúnen en La doctrina eterna de la Iglesia Católica desde Jesús y los apóstoles.
Fundamentos bíblicos (13)
2 Tim 2:2 · Cuatro generaciones en un versículo
«Y lo que me oíste en presencia de muchos testigos, eso mismo trasmítelo a hombres fieles, los cuales serán aptos para enseñarlo a otros.»2 Tim 2:2, Biblia de Straubinger
Pablo, Timoteo, los hombres fieles y los otros a quienes ellos enseñarán: la sucesión apostólica descrita por el propio apóstol.
Mt 28:20 · Hasta la consumación del siglo
«Y mirad que Yo con vosotros estoy todos los días, hasta la consumación del siglo.»Mt 28:20, Biblia de Straubinger
Jesús promete acompañar a los apóstoles en su misión «hasta la consumación del siglo». Como los apóstoles iban a morir, la promesa incluye a quienes los sucedieran en esa misión.
Jn 14:16 · Que quede siempre con vosotros
«Y Yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Intercesor, que quede siempre con vosotros.»Jn 14:16, Biblia de Straubinger
El Espíritu Santo se queda «siempre» con aquellos a quienes Cristo confía su misión, no solo durante la vida de los apóstoles.
Nm 27:18-23 · Moisés impone las manos a Josué
«Y dijo Yahvé a Moisés: “Toma a Josué, hijo de Nun, varón de espíritu, y pon tu mano sobre él. Le presentarás ante el sacerdote Eleazar y ante todo el pueblo, y le darás tus órdenes delante de ellos. Le comunicarás parte de tu autoridad, a fin de que le obedezca todo el pueblo de los hijos de Israel.”»Nm 27:18-20, Biblia de Straubinger
La autoridad se transmite con un rito visible, ante el sacerdote y todo el pueblo.
Hch 1:20-26 · Que otro ocupe su cargo
«Porque está escrito en el libro de los Salmos: “Su morada quede desierta, y no haya quién habite en ella”. Y: “Reciba otro su episcopado”.»Hch 1:20, Biblia de Straubinger
La palabra griega para «cargo» es episkopḗ (ἐπισκοπή), de la que viene «obispo». El oficio de Judas no desaparece: pasa a Matías.
Hch 6:1-6 · Los siete
«A éstos los presentaron a los apóstoles, los cuales, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.»Hch 6:6, Biblia de Straubinger
Los apóstoles oran e imponen las manos a los elegidos para el servicio.
Hch 14:23 · Presbíteros en cada iglesia
«Y habiéndoles constituido presbíteros en cada una de las Iglesias, orando con ayunos los encomendaron al Señor en quien habían creído.»Hch 14:23, Biblia de Straubinger
Pablo y Bernabé los designan con oración y ayuno.
Hch 20:28 · El Espíritu Santo los puso como obispos
«Mirad, pues, por vosotros mismos y por toda la grey, en la cual el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual Él ha adquirido con su propia sangre.»Hch 20:28, Biblia de Straubinger
La autoridad de los pastores no viene de la comunidad, sino del Espíritu.
1 Tim 3:1-13 · Requisitos para obispos y diáconos
«Fiel es esta palabra: si alguno desea el episcopado, buena obra desea.»1 Tim 3:1, Biblia de Straubinger
Son oficios definidos, con condiciones precisas.
1 Tim 4:14 · El don recibido por la imposición de manos
«No descuides el carisma que hay en ti y que te fue dado en virtud de profecía, mediante imposición de las manos de los presbíteros.»1 Tim 4:14, Biblia de Straubinger
El ministerio se confiere por un signo sacramental.
1 Tim 5:22 · No imponer las manos a la ligera
«A nadie impongas las manos precipitadamente, y no te hagas cómplice de pecados ajenos. Guárdate puro.»1 Tim 5:22, Biblia de Straubinger
Timoteo decide quién recibe el ministerio: tiene autoridad sobre los presbíteros.
2 Tim 1:6 · Reavivar el don
«Por esto te exhorto a que reavives el carisma de Dios que por medio de la imposición de mis manos está en ti.»2 Tim 1:6, Biblia de Straubinger
San Pablo recuerda a Timoteo el don recibido por la imposición de sus propias manos.
Tit 1:5-9 · Establecer presbíteros en cada ciudad
«Por esta causa te he dejado en Creta, para que arregles las cosas que faltan y para que constituyas presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené.»Tit 1:5, Biblia de Straubinger
La cadena continúa más allá de los apóstoles.
Objeciones (5)
Todos los creyentes son sacerdotes (1 Pe 2:9)
Hay que distinguir el sacerdocio común de todos los fieles, que recibimos por el bautismo, del sacerdocio ministerial, que se recibe por la ordenación, a través de la imposición de las manos. Los dos participan del único sacerdocio de Cristo, pero, como enseña el Concilio Vaticano II, se diferencian esencialmente y no solo en grado (Lumen Gentium 10).
Se responde en Jesús instituye el sacerdocio.
El Nuevo Testamento nunca llama «sacerdotes» a los presbíteros
La palabra que usa es presbýteros (πρεσβύτερος), «anciano», pero les atribuye funciones sacerdotales: celebrar la Eucaristía (Lc 22:19), perdonar pecados (Jn 20:23) y ungir a los enfermos (Sant 5:14). San Pablo describe su propio ministerio con un verbo del culto del templo, hierourgéo (ἱερουργέω), «ejercer un oficio sagrado» (Rom 15:16).
Obispo y presbítero eran lo mismo
Al principio los nombres se usaban a veces como sinónimos (Hch 20:17 y 28; Tit 1:5-7), pero la función de quien presidía sobre los presbíteros existió desde el comienzo: la tuvieron Timoteo, Tito y Santiago en Jerusalén. A comienzos del siglo II, san Ignacio ya encuentra en todas partes un obispo, presbíteros y diáconos. Cambiaron los nombres, no el oficio.
Basta con enseñar lo mismo que los apóstoles; no hace falta una sucesión de personas
La Escritura muestra las dos cosas juntas: la enseñanza y la imposición de manos. San Pablo pregunta cómo predicarán si no son enviados (Rom 10:15). Y san Ireneo responde a los herejes precisamente así: la enseñanza verdadera se reconoce en las iglesias que tienen obispos sucesores de los apóstoles.
Nadie puede probar una cadena sin interrupciones
Desde el Concilio de Nicea (325), cada obispo debe ser consagrado por al menos tres obispos. Cada consagración se apoya así en varias cadenas a la vez, lo que hace prácticamente imposible una interrupción. Y las listas de sucesión existen desde el siglo II.
Y las listas no las elaboró la Iglesia del siglo IV. Hacia el año 160, Hegesipo reconstruyó en Roma la sucesión de sus obispos hasta Aniceto (citado por Eusebio, Historia eclesiástica IV, 22, 3). Hacia el 180, san Ireneo enumeró los doce obispos de Roma desde los apóstoles hasta Eleuterio, el de su tiempo (Contra las herejías III, 3, 3). Y hacia el 200, Tertuliano desafiaba a los herejes a mostrar listas como las de Esmirna, cuyo obispo Policarpo había sido establecido por el apóstol Juan, o la de Roma, cuyo obispo Clemente había sido ordenado por Pedro (La prescripción de los herejes 32). Eusebio recogió listas que ya existían desde hacía más de un siglo y medio.
Fuentes
Versiones de la Biblia
- Biblia de Straubinger (Universidad Católica de La Plata, 2.ª ed., 2009)
- Texto griego del Nuevo Testamento
- Septuaginta (traducción griega del Antiguo Testamento)
Textos citados
- San Clemente de Roma, Carta a los Corintios 42 y 44 (c. 96)
- San Ignacio de Antioquía, Carta a los Esmirniotas 8 y Carta a los Tralianos 3 (c. 107)
- San Ireneo de Lyon, Contra las herejías III, 3, 3 (c. 180)
- Tertuliano, Prescripción contra los herejes 32 (c. 200)
- Concilio de Nicea, canon 4 (325)
- Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 10, 20 y 28 (1964)
- Catecismo de la Iglesia Católica 861-862 y 1547 (1992)
- San Ignacio de Antioquía, Carta a los Magnesios 6, 1, Carta a los Tralianos 2, 1-3, Carta a los Esmirniotas 8, 1 y Carta a los Efesios 1, 3 (c. 107)
- Dionisio de Corinto y Polícrates de Éfeso, citados por Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica IV, 23 y V, 24 (c. 325)
- Hegesipo, citado por Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica IV, 22, 2-3 (c. 325)
- San Agustín, Contra la carta de Manes llamada «del fundamento» 4, 5 (c. 397)
- León XIII, Apostolicae curae (1896)
Los textos bíblicos se citan según la Biblia de Straubinger. Los textos de los Padres de la Iglesia y de los concilios se citan en traducción directa del original.
Cómo citar este tema
Para quien busca la Verdad. (2026, 18 de octubre). La sucesión apostólica. Recuperado el 21 de octubre de 2026, de https://veritasveritatum.com/es/sucesion-apostolica/
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Para quien busca la Verdad