Apologética / Lectura 6 de 45
La Biblia en los primeros quince siglos

El escriba Esdras, en el Códice Amiatino (c. 700). Dominio público, vía Wikimedia Commons.
En este artículo
Una Biblia que nadie podía llevar consigo

En tiempos de Jesús, la Escritura no era un libro, sino una colección de rollos. El gran rollo de Isaías encontrado en Qumrán mide más de siete metros; un rollo con los cinco libros de la Ley mediría entre 25 y 30, y era impensable un rollo que contuviera toda la Biblia (Carbajosa, La Biblia en su entorno). El Antiguo Testamento completo ocupaba más de treinta rollos, y con el Nuevo, más de cuarenta.
Cada uno debía copiarse a mano, letra por letra, por un escriba experto, durante semanas o meses, sobre cueros preparados uno por uno. Todavía hacia el año 700, para una sola Biblia completa en latín, el Códice Amiatino, se calcula que hicieron falta las pieles de más de quinientos terneros. Si los apóstoles hubieran querido llevar la palabra de Dios a todo el mundo dejando en cada ciudad una Biblia completa, habrían necesitado una cantidad de copias, de dinero y de tiempo que nadie tenía, y un medio para cargar decenas de kilos de rollos por los caminos del Imperio.
No lo hicieron así. Las Escrituras estaban en las sinagogas, donde se leían cada sábado (Hch 15:21): Jesús leyó el rollo de Isaías que le entregaron en la sinagoga de Nazaret (Lc 4:16-20), y san Pablo, al llegar a una ciudad, iba primero a la sinagoga (Hch 17:1-2). Los apóstoles llevaban consigo pocos escritos: preso en Roma, san Pablo pide a Timoteo que le traiga los libros, sobre todo los pergaminos (2 Tim 4:13). Las cartas apostólicas se compartían entre las iglesias, que se las pasaban unas a otras (Col 4:16). Y sobre todo, los apóstoles anunciaban de palabra, a personas que en su mayoría no sabían leer, y dejaban en cada lugar pastores que enseñaran lo que habían recibido: «lo que me oíste en presencia de muchos testigos, eso mismo trasmítelo a hombres fieles, los cuales serán aptos para enseñarlo a otros» (2 Tim 2:2).
Los materiales
Se escribía sobre dos materiales. El papiro se hacía con tiras de una planta del Nilo, cruzadas y prensadas: era barato, pero frágil, y solo se conservó en climas muy secos, como el de Egipto, de donde provienen casi todos los papiros bíblicos. El pergamino se hacía con pieles de animales, lavadas, raspadas y estiradas: era mucho más caro, pero duraba siglos, y por eso en él se copiaron los grandes códices.
El rollo
El rollo se formaba cosiendo hojas una tras otra, y se leía desenrollándolo con una mano y enrollándolo con la otra. Tenía un límite: más allá de cierta extensión se volvía inmanejable, y por eso cada libro largo ocupaba un rollo, y la Biblia entera, decenas.
El paso al códice
El códice, el libro con hojas, permitía escribir por las dos caras, reunir una obra larga en un solo volumen y buscar fácilmente un pasaje. Los cristianos lo prefirieron desde muy temprano: según los datos que reúne Carbajosa, en el siglo II casi toda la literatura antigua se copiaba en rollos, pero la mayor parte de los manuscritos cristianos de ese siglo ya son códices. El códice hizo posible, además, reunir toda la Biblia en un solo volumen, como en los códices Vaticano y Sinaítico del siglo IV (ver Cómo llegó el Nuevo Testamento hasta nosotros).
La escritura
Los manuscritos más antiguos están escritos en unciales: letras mayúsculas, separadas, sin espacios entre las palabras ni signos de puntuación. Desde el siglo IX se impuso la escritura minúscula, más rápida y económica. Y desde los primeros papiros, los copistas cristianos abreviaban de un modo especial los nombres sagrados, como Dios, Jesús, Cristo o Señor, con una raya encima: los llamados nomina sacra, una costumbre propia de los cristianos.
Los copistas
Copiar la Biblia era un trabajo de años, hecho a mano en los monasterios y en los talleres de copia, y una Biblia completa costaba una fortuna, al alcance de muy pocos. En cada copia podían entrar errores, de los que se ocupa Problemas en la transmisión de la Escritura. Aun después de la imprenta, en el siglo XV, la Biblia siguió siendo un libro caro durante mucho tiempo, y recién en el siglo XIX, con el papel y la impresión industriales, se volvió un libro al alcance de cualquiera.
Escuchando a la Iglesia
Durante quince siglos, la inmensa mayoría de los cristianos no pudo tener una Biblia propia: conoció la palabra de Dios escuchando a la Iglesia, en la liturgia, en la predicación y en las imágenes de sus templos, como Jesús había mandado: «Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha» (Lc 10:16). La sola Escritura supone algo que, durante la mayor parte de la historia cristiana, fue imposible (ver La sola Escritura se niega a sí misma).
Objeciones (1)
La Iglesia ocultaba la Biblia, y Lutero la puso en manos del pueblo
Durante quince siglos, la Iglesia copió la Biblia a mano en sus monasterios, la leyó en cada Misa, la explicó en la predicación y la puso ante los ojos de todos en las pinturas, las esculturas y los vitrales de sus templos, que eran la Biblia de los que no sabían leer. Lo que limitaba el acceso a la Biblia no era una prohibición, sino su costo y que la mayoría no sabía leer.
Cuando llegó la imprenta, el primer gran libro impreso fue una Biblia, la de Gutenberg, hacia 1455, en la Vulgata latina. Y antes de que Lutero publicara su Nuevo Testamento en alemán, en 1522, ya se habían impreso en Alemania numerosas ediciones de la Biblia en alemán, la primera en 1466, y también Biblias en italiano, en valenciano, en neerlandés y en checo, entre otras lenguas.
Es cierto que, en algunos lugares y épocas, la Iglesia restringió la lectura de traducciones que no había aprobado, sobre todo en tiempos de herejías que las usaban para difundir sus doctrinas, como ocurrió con los cátaros en el siglo XIII o con los seguidores de Wycliffe en Inglaterra. Lo que se restringía eran traducciones sin control, no la Escritura: la Iglesia quería asegurar que el texto que leían los fieles fuera fiel al original, y que se leyera con la interpretación de la Iglesia.
Fuentes
Versiones de la Biblia
- Biblia de Straubinger (Universidad Católica de La Plata, 2.ª ed., 2009)
Textos citados
- Gonzalo Carbajosa, La Biblia en su entorno
- Concilio Vaticano II, Dei Verbum 8-10 (1965)
Los textos bíblicos se citan según la Biblia de Straubinger. Los textos de los Padres de la Iglesia y de los concilios se citan en traducción directa del original.
Cómo citar este tema
Para quien busca la Verdad. (2026, 26 de octubre). La Biblia en los primeros quince siglos. Recuperado el 27 de octubre de 2026, de https://veritasveritatum.com/es/biblia-quince-siglos/
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