Para quien busca la Verdad
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Las imágenes sagradas

Lectura: 5 minutos · Actualizado el 21 de octubre de 2026

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Mosaico de la Deésis, Santa Sofía de Constantinopla (siglo XIII). Vía Wikimedia Commons.

Lo que prohíbe el mandamiento

El Decálogo prohíbe hacer imágenes para postrarse ante ellas y darles culto (Ex 20:4-5). La prohibición apunta a la idolatría: tratar como dios a una obra de manos humanas. Por eso el pecado del becerro de oro no fue hacer una figura, sino presentarla como el dios que había sacado a Israel de Egipto y adorarla (Ex 32:4-8). Moisés explica además el motivo: el día en que Dios habló en el Horeb, el pueblo no vio ninguna figura, sino solo oyó una voz (Dt 4:15-19). Nadie podía representar a un Dios que no se había dejado ver.

Imágenes mandadas por Dios

El mismo Dios que prohibió los ídolos mandó hacer imágenes para su culto. Y no se contradijo, porque no prohibió las imágenes, sino el culto idolátrico a cosas que representan a un dios. Ordenó poner dos querubines de oro sobre el arca de la alianza, en el lugar más santo del santuario, y dijo que desde allí, entre los dos querubines, hablaría con Moisés (Ex 25:18-22). Mandó bordar querubines en las cortinas y en el velo del tabernáculo (Ex 26:1 y 31). En el templo de Salomón había querubines de madera recubiertos de oro, figuras de querubines, palmeras y flores talladas en las paredes y en las puertas y un gran depósito de bronce sostenido por doce bueyes (1 Re 6:23-35; 7:25). Dios mismo llenó ese templo con su gloria (1 Re 8:10-11).

El templo que Dios mostró a Ezequiel

Durante el destierro en Babilonia, Dios llevó en visión a Ezequiel a un monte muy alto y le mostró el templo futuro, con todas sus medidas (Ez 40:1-4). En sus paredes, desde el suelo hasta encima de la puerta, por dentro y por fuera, había querubines y palmeras tallados todo alrededor. Cada querubín tenía dos caras: una de hombre, vuelta hacia una palmera, y otra de león, vuelta hacia la otra (Ez 41:17-20). También las puertas del santuario estaban talladas con querubines y palmeras (Ez 41:25). Es un templo que no diseñó ningún hombre: Dios mismo lo muestra al profeta como modelo, y lo muestra lleno de imágenes. Y a ese templo vuelve la gloria del Señor y lo llena (Ez 43:4-5).

La serpiente de bronce

Cuando el pueblo era mordido por serpientes en el desierto, Dios mandó a Moisés hacer una serpiente de bronce y ponerla sobre un asta: quien la miraba, quedaba sano (Nm 21:8-9), entendiéndose que quien sanaba era Dios y que la serpiente era solo un recordatorio de esa promesa: como dice el libro de la Sabiduría, el que se volvía hacia ella no era salvado por lo que miraba, sino por Dios, salvador de todos (Sab 16:7). Jesús la tomó como figura de sí mismo en la cruz (Jn 3:14). Siglos después, el rey Ezequías la destruyó, porque el pueblo había empezado a quemarle incienso (2 Re 18:4). La imagen fue buena mientras llevó a Dios; se destruyó cuando se la trató como un ídolo. Esa es exactamente la distinción que hace la Iglesia.

El Dios invisible se hizo visible

La razón que daba Moisés para no representar a Dios ya no existe. San Pablo enseña que Cristo es la imagen, eikṓn (εἰκών), del Dios invisible (Col 1:15) y Jesús dice que quien lo ha visto a Él ha visto al Padre (Jn 14:9). Si Dios se hizo hombre, se lo puede representar como hombre. Por eso los primeros cristianos pintaron desde muy temprano: en las catacumbas de Roma se ven el Buen Pastor, escenas bíblicas y, en la catacumba de Priscila, una de las imágenes más antiguas de la Virgen con el Niño, del siglo III. Y en Dura Europos, a orillas del Éufrates, se conserva una casa cristiana de hacia el año 240 con las paredes pintadas con escenas del Evangelio.

Adorar no es venerar

La Iglesia distingue con precisión. La adoración, latreía (λατρεία), se debe solo a Dios. A los santos se les da veneración, douleía (δουλεία), el honor que se tributa a los amigos de Dios (ver La intercesión de los santos). A la Virgen María, por ser la Madre de Dios, se le tributa una veneración especial, llamada hiperdulía, que sigue siendo veneración y no adoración (ver La Maternidad Divina). Y la imagen no recibe nada para sí: san Basilio enseñaba en el siglo IV que «el honor tributado a la imagen pasa al original» (Sobre el Espíritu Santo 18, 45). Nadie cree que la fotografía de su madre sea su madre, y sin embargo nadie la trataría con desprecio.

En la Escritura, postrarse es también un gesto de respeto: Abraham se postró ante los hititas (Gn 23:7), Jacob ante Esaú (Gn 33:3) y Salomón ante su madre (1 Re 2:19). Lo que distingue la adoración es la intención, no el gesto.

La misma Escritura distingue entre postrarse ante un ídolo para adorarlo y postrarse ante un objeto sagrado para orar al Dios verdadero: Josué y los ancianos de Israel se postraron rostro en tierra delante del arca, adornada con los querubines de oro, hasta la tarde (Jos 7:6), y nadie los acusó de idolatría.

Honrar a quien corresponde

La Escritura manda honrar y venerar a personas y a cosas, sin que eso quite nada a la honra debida a Dios: «Honra a tu padre y a tu madre» (Ex 20:12); y san Pablo pide dar a cada uno el honor que le corresponde (Rom 13:7). Moisés y Josué se descalzan porque la tierra que pisan es santa (Ex 3:5; Jos 5:15). Jacob se postra siete veces ante su hermano Esaú (Gn 33:3); el rey Salomón se levanta ante su madre, se postra ante ella y la hace sentar a su derecha (1 Re 2:19); los hijos de los profetas se postran ante Eliseo (2 Re 2:15); y Cristo promete a la Iglesia de Filadelfia que hará que sus enemigos vengan a postrarse a sus pies (Ap 3:9).

Lo que la Iglesia reconoció

En el siglo VIII, un movimiento llamado iconoclasta destruyó imágenes en el Imperio bizantino. El II Concilio de Nicea, en el año 787, definió que es legítimo venerar las imágenes de Cristo, de la Virgen, de los ángeles y de los santos, porque quien venera una imagen venera a la persona que representa, y que la adoración se reserva solo a Dios (Catecismo 2129-2132).

Los testimonios de esta doctrina a lo largo de los siglos se reúnen en La doctrina eterna de la Iglesia Católica desde Jesús y los apóstoles.

Fundamentos bíblicos (7)

  • Ex 25:18-22 · Los querubines del arca
    «Harás, además, dos querubines de oro; los harás de oro labrado a martillo, en los dos extremos del propiciatorio. Haz un querubín en un extremo y el otro querubín en el otro extremo. Haréis los querubines de tal manera que formen una sola pieza con el propiciatorio, a sus dos extremos. Los querubines estarán con sus alas extendidas hacia arriba, cubriendo con ellas el propiciatorio, uno frente al otro y con las caras vueltas hacia el propiciatorio. Pondrás el propiciatorio sobre el Arca, y dentro del Arca el Testimonio que Yo te daré. Allí me encontraré contigo, y desde encima del propiciatorio, de en medio de los dos querubines colocados sobre el Arca del Testimonio, te intimaré todas mis órdenes para los hijos, de Israel.”»Ex 25:18-22, Biblia de Straubinger

    Dios manda hacer imágenes para el lugar más santo de su culto.

  • Nm 21:8-9 · La serpiente de bronce
    «Dijo entonces Yahvé a Moisés: “Hazte una serpiente, y ponla en un asta; quienquiera que haya sido mordido y la mirare, vivirá.” Hizo, pues, Moisés una serpiente de bronce, y la puso sobre un asta, y quienquiera que mordido por una serpiente dirigía su mirada a la serpiente de bronce se curaba. Viaje al monte Fasga»Nm 21:8-9, Biblia de Straubinger

    Dios obra por medio de una imagen hecha por su mandato.

  • 1 Re 6:23-29 · Las imágenes del templo de Salomón
    «Hizo en el Santísimo dos querubines de madera de olivo, de diez codos de altura cada uno. Cinco codos tenía la una de las alas de (cada) querubín, y cinco codos tenía la otra ala del querubín. Había, pues, diez codos desde la punta de una ala hasta la punta de la otra. Diez codos tenía también el segundo querubín. Una misma medida, y una misma forma tenían los dos querubines. La altura de un querubín era de diez codos; así era también el otro querubín. Colocó a los querubines en medio de la Casa interior. Los querubines tenían las alas desplegadas, de suerte que el ala del uno tocaba en la pared, y el ala del segundo querubín tocaba en la otra pared, y se tocaban, ala con ala, en el medio de la Casa. Cubrió también de oro a los querubines. En todas las paredes que rodeaban la Casa hizo esculpir figuras entalladas de querubines, de palmas y de guirnaldas de flores, tanto por dentro como por fuera.»1 Re 6:23-29, Biblia de Straubinger

    El templo que Dios llenó con su gloria estaba lleno de imágenes.

  • Ez 41:17-20 · El templo de la visión de Ezequiel
    «Encima de la puerta, en el interior de la Casa y en el exterior, había tapices sobre toda la pared, todo en torno por dentro y por fuera, con representaciones de querubines y palmeras, una palmera entre querubín y querubín. Cada querubín tenía dos caras: cara de hombre (vuelta) hacia la palmera de esta parte, y cara de león (vuelta) hacia la palmera de la otra parte. Así se hizo por todo alrededor de la Casa. Desde el suelo hasta la altura de la puerta había querubines y palmeras en la pared del Templo.»Ez 41:17-20, Biblia de Straubinger

    El modelo de templo que Dios muestra al profeta tiene querubines y palmeras en todas sus paredes.

  • Jn 3:14 · Figura de Cristo en la cruz
    «Y como Moisés, en el desierto, levantó la serpiente, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado.»Jn 3:14, Biblia de Straubinger

    Jesús toma la serpiente de bronce como figura de sí mismo.

  • Col 1:15 · La imagen del Dios invisible
    «Él (Cristo) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación;»Col 1:15, Biblia de Straubinger

    Si Dios se hizo visible en Cristo, se lo puede representar.

  • Jos 7:6 · Postrados ante el arca
    «Josué rasgó sus vestidos y se postró en tierra sobre su rostro delante del Arca de Yahvé hasta la tarde, así él como los ancianos de Israel, y se echaron polvo sobre sus cabezas.»Jos 7:6, Biblia de Straubinger

    Josué y los ancianos se postran ante el arca, adornada con las imágenes de los querubines. Postrarse ante un objeto sagrado para orar a Dios no es idolatría.

Objeciones (4)

  • Éxodo 20:4 prohíbe hacer cualquier imagen

    Prohíbe hacerlas para adorarlas. El mismo Dios mandó hacer los querubines del arca y la serpiente de bronce, y Dios no se contradice.

    Mientras los israelitas miraban la serpiente de bronce sabiendo que era Dios quien los sanaba por medio de ella, la imagen cumplía la función que Dios le había dado (Nm 21:8-9). Siglos después, cuando el pueblo empezó a quemarle incienso como si la serpiente misma fuera un dios, el rey Ezequías la hizo pedazos, y Dios lo aprobó (2 Re 18:4). Lo que se condenó no fue la imagen, sino que ocupara el lugar de Dios.

  • Arrodillarse ante una imagen es adorarla

    No: lo que distingue la adoración es la intención, no el gesto, como se explica en el apartado «Adorar no es venerar» de este mismo tema.

  • Jeremías se burla de las imágenes talladas (Jer 10:3-5)

    Se burla de los ídolos que los paganos tomaban por dioses. Ningún católico cree que una imagen sea Dios ni que tenga poder propio.

  • Algunos católicos tratan las imágenes como amuletos

    Es un abuso que la Iglesia condena, como Ezequías destruyó la serpiente de bronce cuando se la trató como ídolo. El abuso no quita el uso legítimo.

Fuentes

Versiones de la Biblia

  • Biblia de Straubinger (Universidad Católica de La Plata, 2.ª ed., 2009)
  • Texto griego del Nuevo Testamento

Textos citados

  • San Basilio, Sobre el Espíritu Santo 18, 45 (c. 375)
  • II Concilio de Nicea (787)
  • Catecismo de la Iglesia Católica 2129-2132 (1992)

Los textos bíblicos se citan según la Biblia de Straubinger. Los textos de los Padres de la Iglesia y de los concilios se citan en traducción directa del original.

Cómo citar este tema

Para quien busca la Verdad. (2026, 21 de octubre). Las imágenes sagradas. Recuperado el 21 de octubre de 2026, de https://veritasveritatum.com/es/imagenes-sagradas/

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